Amor de madre

Un aplauso a esas mujeres que son capaces de criar hijos ajenos con valor y compromiso.

“Sara es mi última niña de crianza, es mi bendición”, refiere María Magdalena Rivas.. HOY/Foto: Francely Navarro

Francely Navarro H.
HOY

Muchas mujeres ganan el mérito de ser madres criando hijos ajenos, si tuviste o tenés una mamá que no te cargó durante nueve meses en su vientre y aún así te amó, te cuidó y se sacrificó en cuerpo y alma por tu bienestar, con certeza estas historias van a conmoverte, todas poseen retazos de tu vida y hacen justicia a esa frase popular que dice: “Madre no es la que engendra sino la que cría”.

Madre desde niña

María Magdalena Rivas es una mujer que ha dedicado su vida a la crianza de hijos propios y ajenos. HOy/Foto: Francely Navarro
María Magdalena Rivas es una mujer que ha dedicado su vida a la crianza de hijos propios y ajenos. HOy/Foto: Francely Navarro

En un pueblo llamado Buenos Aires, en Rivas, departamente de Nicaragua, zona pintoresca de árboles antiguos hay gente sonriente. En este lugar nació María Magdalena Rivas el 27 de mayo de 1949. “Mi mamá tuvo 15 hijos, yo soy la sexta”, refiere.

Su primera infancia estuvo llena de juegos, corría por las orillas del lago en compañía de sus hermanos, ayudaba a su mamá a preparar pan para luego venderlo a los vecinos, hija del cuidador de la hacienda “Santa Fe”, en ese departamento, mismo que años después se unió a la Guardia Nacional.

En 1956, su mamá, doña Margarita Rivas, salió embarazada de su decimosexto hijo. “Ella se vio muy mal en ese último embarazo, los médicos dijeron que tenía el corazón débil, y verídico, el primero de enero le entraron los dolores de parto tuvo una niña enferma que no logró sobrevivir, mi mamá sufrió varios infartos en ese lapso, falleció el 3 de enero de 1957 a las 7:00 de la mañana, yo apenas tenía ochos años”, relata.

La falta de la figura materna hizo que María tomara las riendas de la casa, se dedicó a consolar y cuidad a sus hermanos y hermanas mientras su padre permanecía largas temporadas en los cuarteles. “Él nunca fue tan considerado que se diga, sufrió la partida de mi mamá, sí, pero no podía hacer nada, mis hermanos fueron mis primeros hijos de crianza, estaban chiquitos, lloraban, pedían comida, como podía encendía el fogón y cocinaba”, comenta Rivas.

Con el paso de los días la situación se tornó difícil para la familia, empezaron a vivir de la caridad pública, una de las hermanas mayores, que habitaba en Managua, mandó una carta al presidente pidiendo ayuda.

“Este respondió de inmediato y exigió a mi papá entregarnos a ella, de igual manera, mi hermana tampoco podía criarnos a todos entonces se tomaron decisiones en pro de nuestro bienestar, algunos se quedaron con ella, otros fueron internados en el Hogar Zacarías Guerra, yo junto con otra hermana ingresamos al Hospicio Sagrado Corazón de Jesús, con las monjas teresianas de Granada, por un buen contacto que sintió compasión por nuestro futuro”, precisa esta mujer que en su rostro y piel refleja una vida de lucha.

Su condición y la convivencia con las monjas despertó en María un profundo amor por los niños, en especial por los huérfanas del lugar.

“Yo me consideraba una niña fuerte, líder, entonces me volví protectora de varios grupos, las peinaba, estaba pendiente de su cosas, recuerdo que aprendí a leer y escribir bien rápido, las monjas perfeccionaron mi caligrafía y ortografía, luego me dediqué a enseñarles a las otras, me convertí en una figura materna para ellas, me decían: ‘La Magdalenita’ y cuando llegué a la pubertad ‘señorita María’, hasta mis 17 años fueron mis niñas de crianza, las recuerdo con amor”, expresa.

Al salir del hospicio, Rivas conoció al padre de su primer hijo, un hombre que al principio se comportaba bondadosamente, pero luego cambió, se volvió hostil y agresivo.

“Lo dejé estando embarazada, no me importó, yo iba a criar a mi hijo sola y así lo hice por mucho tiempo hasta que conocí a otra persona, el hombre con quien me casé después de 15 años de convivencia, a quien le tuve 4 hijos”, confiesa.

También cuenta que esta nueva pareja ya tenía cinco hijos que vivían bajo el cuido de la abuela.

“Al morir la mamá de mi esposo los niños quedaron solos, tuve que velar por ellos en lo que pude, les hacía su comida, les reñía y estaba pendiente de sus tareas, siento que fui una madre, ellos me respetaban y apreciaban, poco a poco crecieron e hicieron sus vidas”, añade.

“Mi última niña”

"Sara es mi última niña de crianza, es mi bendición", refiere María Magdalena Rivas.. HOY/Foto: Francely Navarro
“Sara es mi última niña de crianza, es mi bendición”, refiere María Magdalena Rivas.. HOY/Foto: Francely Navarro

María ha sido una madre de crianza por excelencia, ha creado vínculos afectivos con muchos niños y niñas.

“A todos he tratado de inculcarles principios y valores, los he educado pese a que no soy una mujer adinerada, lo que pasa es que yo fui huérfana, no puedo darle la espalda a una criatura, hoy día tengo a mi última niña, mi tierna Sara, su mamá no la dejó, pero es muy joven, mientras ella crece y se empodera yo la protejo, es mi compañera es el regalo de Dios mientras vivo mis últimos días, no me quejo, mi existencia criando hijos propios y ajenos ha sido hermosa, juntos hemos crecido”, finaliza.

Maestra por las tardes
María Magdalena Rivas imparte clases en su casa desde antes del terremoto de 1972.

”Le he enseñado las primeras letras a muchos niños que ahora son profesionales, he prevalecido cerca de ellos todos los días, son mis niños de crianza, de primeras letras, son mi vida, ya no puedo vivir sin ellos”, agrega.

Rivas también es maestra, enseña las primeras letras a los niños y niñas, lo hace desde antes del terremoto de 1972. HOY/Foto: Francely Navarro
Rivas también es maestra, enseña las primeras letras a los niños y niñas, lo hace desde antes del terremoto de 1972. HOY/Foto: Francely Navarro

“Todos me llaman tía”

Leonor Picado Alvarado, originaria de Managua, se casó a los 17 años con Gilberto José Arana Vélez, tuvo siete hijos a quienes cuidó abnegadamente.

Leonor Picado Alvarado tuvo hijas de crianza, "Les traté como mías, las amé y las amo", expresa. Hoy/Foto: Francely Navarro
Leonor Picado Alvarado tuvo hijas de crianza, “Les traté como mías, las amé y las amo”, expresa. Hoy/Foto: Francely Navarro

“Antes de tener a mis chavalos vino a la casa una sobrina, con tan solo 7 años, hija de mi hermana, yo la recibí por dos razones: la quería mucho, ella despertó mi instinto materno, la segunda razón es porque si la tomaba ayudaría a mi hermana económicamente, la niña vivió conmigo hasta los 18 años, nunca me dijo mamá, solo tía, mis hijos que estaban pequeños al escucharle, empezaron a decirme tía, era gracioso, nunca les rectifiqué”, explica Picado Alvarado.

También, refiere que pese a que no era su hija, le dio todo sin discriminaciones ni enfados.

“Le tratábamos como una hija, le comprábamos todo lo necesario, le dimos estudio, alimento y entretenimiento, yo la recuerdo con amor, y ella también a mí, se fue a los 18 años, se casó y ahora vive en el extranjero, siempre me llama, me envía regalos, me atesora como madre”, señala.

Leonor comenta que en ese período su marido se ganó la lotería dos veces.
“Definitivamente Dios bendice al dador alegre, con ese dinero construimos la casa y guardamos para el bienestar de los hijos sin excepciones, mi marido siguió trabajando, quiero destacar que compartimos entre todos y con la comunidad”, advierte.

La segunda hija de crianza de esta bendecida pareja fue una jovencita de 14 años.

“A ella la recibimos porque consideramos que necesitaba una figura estricta puesto que pasaba por una situación de rebeldía, aquí estuvo, también le dimos comodidades, la tratamos como hija, la pusimos a estudiar, lo hizo hasta donde quiso, no obstante, aprendió valores, y hoy día nos lo agradece, nos respeta, es una mujer de bien”, afirma.

Tener un hijo de crianza es una decisión que debe tomarse considerando que se trata de una vida, un ser al que hay que alimentar, vestir, educar e impulsar para la vida, muchos se rehúsan a llevar a cabo esta compleja misión, no obstante, hay otras personas que se atreven, se entregan y se convierten en las mejores madres y padres del mundo.

 

  • Ronald Flores

    Buen Reportaje, me gusta la Narración tan descriptiva que usaron para desarrollar la historia.

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