La tejedora del bambú

Rosa Guevara aprendió el oficio a los ocho años

HOY

Las manos de Rosa Argentina Guevara Moreno cuentan los 44 años que tienen de tejer canastas con tiras de bambú. A los 8 años ya era una experta en ese oficio que aprendió de su papá y su mamá, quienes con orgullo menciona que “eran artesanos de Masaya”.

Tres de sus cinco hijos aprendieron el oficio, aunque siempre les exigió estudiar. Rosa, quien tiene 52 años, vive en el declive de un barranco, donde hay otras cinco familias que se acomodaron en esa “bajada”, ubicada en el barrio Andrés Castro, en el “sector del puente”, de la ciudad de Niquinohomo, Masaya.

Las canastas se comienzan a elaborar sobre la base de un tronco, no muy grueso, enterrado en suelo del patio.

Las manos de doña Rosa actúan como agujas de tejer, pero las tiras de bambú no tienen ni por cerca la suavidad de una hebra de hilo, sino que su fibra es dura y puede lastimar como un cuchillo sin filo, pero a Rosa hace tiempo que le dejaron de doler, porque sus manos se volvieron callosas y hábiles.

Para llegar a la casa de Rosa, donde vive con cuatro de sus hijos, se tiene que pasar en medio de los patios de las otras casas. La de Rosa es “la de más abajo”, colinda con el precipicio de un cauce, que fue uno de los tantos proyectos publicitados por el alcalde destituido de Niquinohomo, Marlon Muñoz Sandino.

Rosa y sus hijos cuentan que el mismo día que terminaron la obra de construcción del cauce, un 5 de mayo de 2007, se desmoronó el concreto por un aguacero que cayó toda la noche.

 

Venta

Cuando todavía está oscuro, “tal vez” a las 3:00 a.m., Rosa sube el barranco con sus tres hijos, llevando 20 canastas recién hechas, que irán a vender a 70 córdobas cada una en el mercado de Masaya, cabecera departamental.

El único de sus hijos varones que no se dedica a esa artesanía, es licenciado en Contaduría Pública, pero no ha conseguido trabajo. Su única hija es ama de casa y vive con ella. Rosa cree que a sus hijos no les dan trabajo formal, porque su familia critica a las autoridades municipales de Niquinohomo, “que solo son politiquería y no hacen nada bien” y “el problema es que aquí todo es por pata”.

Dos de los hijos varones que hacen canastas con ella estudian una carrera los fines de semana en una universidad de Masaya: uno Ingeniería en Sistemas y el otro Derecho.

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