Heredó de su mamá el oficio del comercio

Empezó a vender en el antiguo mercado Boer

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Sentado en la acera de un tramo en el sector de los cocos, con un canasto lleno de perrerreques, tortas de leche y rosquillas somoteñas se puede encontrar todos los días a don Rolando Ramírez, un hombre de 56 años, quien se dedica a la venta de este producto hace más de 20 años dentro del mercado Oriental.

Ramírez cuenta que empezó en el oficio del comercio desde muy chavalo.

“Mi mamá vendía carne en el mercado Bóer, ahí tenía cuatro tramos y para el año 72 que ocurrió el terremoto salimos de ese lugar y lo perdimos todo, yo acompañaba siempre a mi mamá a vender es ese antiguo mercado”, relata Ramírez.

Años después doña Sonia Urbina (mamá de don Rolando) decide empezar de nuevo en el comercio y lo hizo vendiendo cosa de horno en el Oriental.

“Somos originarios de Monimbó, Masaya, pero emigramos a la capital en busca de una mejor oportunidad de vida, mi mamá después de que perdió los tramos en el mercado Bóer se dedicó a elaborar la torta de leche, el perrerreque y venía a vender al Oriental”, explica.

Esfuerzos
Mientras la mamá de don Rolando trabajaba, él y sus siete hermanos se dedicaban a ir a la escuela, así pudieron aprobar la secundaria.

“Gracias al esfuerzo de mis padres pude estudiar, soy bachiller y también le he enseñado a leer a otras personas ya que he participado en jornadas de alfabetización”, menciona.

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Don Rolando afirma que tiene que levantarse desde las dos de la mañana para colaborar con la elaboración del producto que luego tiene que vender todos los días dentro del Oriental.

“No soy yo quien elabora la cosa de horno, hay otras personas encargadas, mis hermanos y yo heredamos de nuestra madre esta labor del comercio y la seguiremos ejerciendo hasta que Dios nos lo permita”, expresa.

La pequeña fábrica donde se elabora el producto de la familia Ramírez genera más de 20 empleos indirectos pero la mayoría de la cosa de horno se distribuye y vende dentro del Oriental.

“A pesar de que tenemos un tramo donde se vende la cosa de horno aquí en el Oriental en las cercanías del Callejón de la Muerte, yo prefiero salir a vender a los callejones con este canasto donde cargo más de 1,000 córdobas en producto todos los días y gracias a Dios me va muy bien”, finaliza Ramírez.

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