Vilma Trujillo será enterrada en una finca

Según su esposo, el pastor quería liberarla porque ella “hacía cejitas” y decía "amorcito"

Elízabeth Romero
HOY

La joven Vilma Trujillo Garcia al momento que fue llevada de Rosita a Bonanza para tomar el avión que la llevo a Managua para recibir atención especializada. LAPRENSA/COTRESIA H.JARQUIN.
La joven Vilma Trujillo Garcia al momento que fue llevada de Rosita a Bonanza para tomar el avión que la llevo a Managua para recibir atención especializada. HOY/CORTESÍA H.JARQUIN.

“Ustedes no están preparados  para que me liberen a mí, demonios”, le habría dicho Vilma Trujillo al grupo que la lanzó a la hoguera el pasado 21 de febrero.

Esto lo escuchó por una rendija de las paredes de la iglesia en El Cortezal, Rosita, Caribe Norte, su esposo, Reynaldo Peralta Rodríguez, cuando este pretendió visitar a su mujer un día antes del trágico hecho, pero sus hermanos de religión se lo impidieron,  porque estos estaban empecinados en que ellos debían “liberarla”, porque estaba endemoniada.

Los demonios que los hermanos de congregación de Peralta le atribuían a Vilma  eran de que “a ella se le metía una locurita, que tiraba besos, que hacía cejitas y cosas así, que decía amorcito”, comenta el viudo, quien reitera:  “Cómo no (así es), por eso decían ellos que estaba endemoniada, decían ellos, figúrese, sí”.

Peralta relata que ese día, un domingo, él intentó ingresar a la iglesia para ver a su cónyuge, con la que se había “juntado” hace unos cuatro años, los mismos que tenían de congregarse en esa iglesia, pero uno de los que ahora está acusado se lo impidió y no le permitieron platicar con ella.

“Me dijeron que yo no podía estar allí porque me iba a impactar también el demonio. Él les dijo que no creía que el demonio lo impactaría a él”, expresó Peralta.

Peralta comenta  que no pudo hacer nada para ingresar y ver a su mujer, por lo que ese día se retiró para ir  a ver a la niña de 2 años, fruto de la relación que mantuvo con la joven, y luego a buscar a “un orador”, que ayudara a su mujer, pues  “me puse a pensar: tengo que ir a buscar a otro que esté preparado para verla liberada”.

En otra comunidad

Mientras el hombre se dispone a cavar la tumba donde este jueves sepultarán el cuerpo de la joven, en una finca ubicada entre la Cruz de Río Grande y San Pedro del Norte, de donde son oriundos,  señala que no sabe explicar la indignación que siente y demanda que a los detenidos les apliquen el peso de la Ley, pues él nunca pensó que sus hermanos de religión fuesen a cometer ese crimen.

“Que los dejen que se sequen en la cárcel”, pide el ahora viudo, mientras lamenta: “Mire, yo confiaba en ellos, porque ellos me decían cuando no llegaba (a la iglesia): ‘Mire, hermano, confíe en Dios, mire que aquí es la salvación’, entonces yo confiaba en ellos ¡Y qué diablos! Si era el mero diablo que andaba detrás de mí”, apunta  Peralta.

“Mire, yo lo que les decía: no es endemoniada que está esta mujer. Yo así he visto mujeres locas, siempre me decían que con ayuno y oración sale toda enfermedad (…), pues decía ‘la van a  liberar’”, revela  Peralta con dificultad para relatar todo lo vivido.

El hombre comenta que  cuando regresó de buscar “al orador” se encontró con que “el daño ya estaba hecho”.

Fue entonces cuando conoció lo sucedido,  “que la habían empujado al fuego y que la dejaron  cerquita de un monte grande, que solo la acompañaba un mosquero”.

Ahora dice: “Qué desgracia que me ha pasado, como que me quitaron la mitad de mi vida”.

HORNEABA

Peralta reconoce que no sabe leer ni escribir, su cónyuge aparentemente había aprobado el tercer grado y relata que mientras él se dedicaba a las labores del campo, ella los domingos horneaba para vender.

Después de la desgracia que le ha tocado vivir a Peralta solo le interesa volver por su pequeña de 2 años y regresar al sector de la Cruz de Río Grande, por temor a lo que les pueda pasar.

Confirma que ha conocido que han hecho amenazas en su contra y hacia su familia. No obstante, no revela quiénes lo han amenazado de muerte e indica que mantendrá la acusación, así como su demanda de justicia.

CONDENABLE

Reynaldo Peralta Rodríguez también quiere que se esclarezcan las sospechas de violación sobre la joven.

Mientras en Rosita, Miurel Gutiérrez, de AHV Colectivo Gaviota, integrante de la Red de Mujeres Contra la Violencia, señala que el crimen es tema de conversación constante en ese municipio. Debido a que el colectivo es reconocido en el municipio, dice, que la gente les preguntan qué es lo que saben del caso y les piden que ellas  hagan lo posible para que los involucrados sean condenados.

“La gente de Rosita está indignada por este hecho, evangélicos y no, en general, hombres y mujeres nos han manifestado que son actos aberrantes, que eso no puede ser, que ni que estuviéramos en el tiempo de las brujas”, dijo Gutiérrez, quien apunta  que el caso de Vilma Trujillo ha hecho recordar a los lugareños  un caso anterior, ocurrido hace unos 12 años en la comunidad Pueblo Santo, cercano a El Cortezal,  donde   una buena parte de las mujeres del lugar fueron violadas por el pastor.

Gutiérrez expresó que, según lo denunciado, en ese momento el pastor mandaba a los hombres a trabajar al campo y él se quedaba supuestamente “purificando” a las mujeres.

Cuando se dio la denuncia del hecho el pastor huyó y no hubo justicia. “Por eso es importante que haya justicia en este caso”, refiere Gutiérrez,  quien manifestó que es necesario advertir a la gente que están surgiendo muchos charlatanes.

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