Vivir es convivir

Lo hermoso es vivir en armonía con todo nuestro entorno.

HOY
Padre Óscar Chavarría.

religión
En su designio creador, Dios ha hecho a los hombres no para vivir en soledad sino para convivir. Vivir es convivir, darnos cuenta que vivimos con otros, junto con otros que son tan personas humanas como yo.

Sí vivir es convivir, lo que sea nuestra convivencia será nuestra vida. Saber vivir es, por tanto saber convivir y en la medida que la convivencia sea mejor, también será mejor la vida. Quien no sabe convivir, no sabe vivir.

Pero para que esta convivencia sea una convivencia sana y feliz, se necesita tener ciertos valores básicos, como son:

El respeto a toda persona humana, como nos dice San Pablo: “¿No saben que son templos vivos de Dios y que el Espíritu habita en ustedes?… El templo de Dios es sagrado y ustedes son ese templo” (1 Cor. 1,16-17). Porque mi respeto a la sociedad y el de cada uno de sus miembros para con los demás, es lo que hace posible la convivencia de los seres humanos.

La aceptación del otro como otro, con su propia individualidad, sin pretender manejarlo para que sea como yo, reconociéndole su derecho de ser él mismo y de ser diferente.

El servicio mutuo, como nos dice Jesús: “Quien quiera ser el mayor entre ustedes que se haga el servidor de todos” (Mt. 23,11). Como decía la madre Teresa de Calcuta: “El que no sirve para servir, no sirve para vivir.

La justicia como portadora de la paz, como nos dice el apóstol Santiago: “La paz es el fruto de la justicia” (St. 3,18).

El amor y el perdón: No es “ojo por ojo o diente por diente” (Mt. 5,38-42), sino el amor, aún a los propios enemigos, como nos dice Jesús: “Han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo les digo: “Amen a sus enemigos… para que sean hijos de vuestro Padre celestial” (Mt. 5,43-47).

La capacidad de aguante, porque el amor, como nos dice San Pablo: “Es paciente” (1 Cor.13,4).

El diálogo, como nos dice Santiago: “Sean prontos para oír y tardos para hablar” (St. 1,9).

Una convivencia sin estos valores esenciales es imposible que sea causa de felicidad y paz, y hoy se nos hace muy difícil la convivencia porque están ausentes los valores que la sostienen. Nuestra convivencia no marcha bien porque:

Alimentamos nuestros egoísmos y dejamos de pensar en el otro que solo nos acordamos de él para ver qué provecho le podemos sacar (Mt. 5,40-41).
En vez de darnos la mano, buscamos la revancha, nos guardamos lo que nos hacen para cobrarlo en la primera oportunidad que se nos presente (Mt. 5,43-47). Y es que devolver mal por mal no es reparar el mal sino redoblarlo.
Si vivir es convivir, necesitamos hacer nuestros esos grandes retos que nos enseña Jesús para poder convivir en paz, armonía y unidad. Todos necesitamos reconstruir nuestra convivencia con un nuevo rostro que nos haga posible una vida más feliz entre todos.

De ahí la necesidad de orar con San Francisco de Asís: “Señor, hazme un instrumento de tu paz: donde haya odio, ponga yo tu amor, donde haya ofensa, ponga yo perdón, donde haya discordia, ponga yo unión, donde haya error, ponga yo verdad, donde haya duda, ponga luz. Haz que busque consolar y no ser consolado, compadecer y no ser compadecido, amar y no ser amado”.

Dios les bendiga.

Correo: padreoskar@gmail.com

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