Erick Espinoza, el ingeniero amante de las baladas

Erick Espinoza se enamoró de la música, de Managua y de Ingeniería en Sistema

HOY

En las noches sombrías de un poblado en Juigalpa, Chontales, hace unos 25 años, “La de la mochila azul” fue la primera canción que Erick Espinoza Galeano aprendió a cantar e interpretar en guitarra.

Hacer música es el camino más hermoso que Espinoza Galeano escogió y sin el cual no imagina andar, en combinación con la Ingeniería en Sistema, profesión que desempeña hoy en día.

La capital lo atrapó unos 11 años atrás, cuando llegó de Chontales para cursar sus estudios en la Universidad de Ingenierías (UNI) donde descubrió que tenía mejores posibilidades para crecer en lo que desde pequeño le ha apasionado, la música.

“En ese entonces en mi pueblo no había la carrera que quería estudiar y me vine con un amigo para acá (a Managua)”, comparte.

Erick es el cuarto hijo de sus padres y todavía recuerda cuando a su casa en Apompuá —una comunidad rural de Juigalpa— llegaba un amigo de su papá a enseñarle a tocar la guitarra a uno de sus hermanos “pero a él no le interesaba”, dice. Y poco a poco las clases las fue aprendiendo Erick.Erick Espinoza

Fueron los compañeros de clase y los maestros de la escuela el primer público de Espinoza Galeano. Los actos culturales fueron los primeros escenarios que le permitieron externar al niño tímido que llevaba dentro enamorado de los acordes de su guitarra y las melodías que lograba interpretar. Las rancheras de Vicente y Alejandro Fernández fueron las primeras canciones con las que Erick desarrolló su talento.

En ese entonces, además de ir a clases las actividades rutinarias de Espinoza Galeano giraban en torno a la vida de campo: “Ordeñar una vaca, apartar el ternero, amansar un caballo, limpiar la huerta”.

Nuevo mundo

Llegar a la capital fue un cambio rotundo. Además de la vida agitada y las diferentes costumbres, el fuerte sonido de los vehículos, el humo de la ciudad y la iluminación fue de las transiciones más fuertes a las que debió acostumbrarse. “Yo recuerdo que cuando llegué las luces no me dejaban dormir, porque en el campo, a las 6:00 de la noche que oscurece todo el mundo va a la cama”, confiesa entre risas.

A sus 33 años, Espinoza Galeano se siente “más músico que ingeniero”, pero tampoco ha sido un recorrido fácil. “Yo nunca imaginé que iba a cantar ante un público de muchas personas porque era una persona muy tímida y hasta la fecha me cuesta salir a tocar”, comparte este baladista.

El reality show Nicaragua Canta fue el espacio que reforzó su carrera musical. “Tenía 19 años cuando participé, fue una experiencia muy bonita. Aprendí bastante cómo cantar, cómo actuar en el escenario e incluso cómo vestir”, recuerda con entusiasmo.

Los espacios culturales y la educación en el arte que recibió en la UNI también fueron clave en el desarrollo de este artista quien sigue demostrándose a sí mismo que todo es posible con un poco de esfuerzo.

“No me imagino sin la música. Es una angustia, siento que no existo si no canto, si no toco mi guitarra. Siento que no valdría nada sin la música. En la música encuentro alegría, paz, amigos y a Dios y a mi país”, comparte este joven cantante con el HOY.

Logros

Actualmente Erick Espinoza Galeano se presenta en diferentes bares, restaurantes de la capital, así como en eventos privados.

Sin embargo, la música no solo la considera un pasatiempo, sino que es otra profesión que forma parte de su vida y en la que ha invertido tiempo y dinero.

Ha producido dos discos con un total de veinte canciones, algunas escritas por él, y cinco videoclip. “Por un sueño” es el nombre de su primer disco. “De barro soy”, fue el segundo con temas cristianos católicos. Y aunque ya tiene listos los temas de su tercer disco, está pendiente producirlo.

Las baladas, pop, románticas y la trova son los géneros musicales por los cuales se ha inclinado a lo largo de su crecimiento musical.

Luis Enrique, Marc Anthony, Silvio Rodríguez son algunos de los cantantes a quienes admira, además que considera que “lo nica me apasiona y no me veo viviendo en otro lugar”.

María Lourdes Galeano, el ser que le dio la vida, dice que fue lo mejor que Dios le pudo dar.

Erick confiesa que el único vicio que tiene es el café y la comida nica, se siente “puro pinolero por gracia de Dios”.

“La música me ha ayudado a ser más comunicativo y expresivo”, dice ante las características de timidez que tiene.

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