La historia de una mujer llena de optimismo ante la vida

Montó su propio negocio hace doce años sobrepasando muchos obstáculos, hoy es un ejemplo a seguir

Lizet Manzanarez es una mujer de 35 años muy reconocida en Unidad de Propósito, en Managua, su carisma y perseverancia para lograr sus metas la hace digna de admiración, sin embargo detrás de esta gran mujer se esconde una historia de muchos sacrificios que la hacen aún más valiosa.

Manzanarez nació dentro de un seno familiar muy humilde en la comunidad La Conquista en el municipio de San Francisco Libre, donde para ir a la escuela tenía que montar un caballo ya que la escuela más cercana estaba ubicada a varios kilómetros de su vivienda.

“Mi papá murió a causa del alcoholismo cuando yo tenía tres años, desde ese momento tuve que ayudar a mamá para poder sobrevivir, por eso salía a vender en el pueblo pan y nacatamales que mi madre elaboraba”, cuenta.

Mientras Manzanarez avanza en el relato sus ojos se llenan de lágrimas, pues volver a rememorar aquellos duros momentos no es fácil para ella.

Además asegura estar muy agradecida con Dios por todo lo que le ha tocado vivir ya que gracias a eso se ha vuelto una mujer con una fe y perseverancia de acero.

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“Por la mañana salía a vender y por la tarde iba a la escuela”, explica.
Lizet conoció la capital porque uno de sus tíos decidió sacarla del pueblo, su mamá se había quedado en aquel lugar porque se había enamorado otra vez y estaba embarazada.

“Mi tío me decía que yo sería la mujercita de la casa y tenía que hacer todos los quehaceres mientras el vendía cerca del mercado Iván Montenegro, en ocasiones por las tardes también le ayudaba a vender en el pequeño tramo”, relata.

Dificultades
Al poco tiempo de estar en Managua, la mamá de Lizet decidió emigrar a la capital y al poco tiempo cayó en depresión.

“No sabíamos lo que mamá tenía, ella pasaba mucho tiempo llorando, mi tío había fallecido en un accidente de tránsito, la situación empeoró y toda la responsabilidad estaba sobre mí”, explica.

Manzanarez afirma que tuvo que trabajar realizando los quehaceres en la casa de uno de sus tíos para poder generar ingresos económicos en aquella humilde vivienda, para ese entonces ya cursaba la secundaria.

Meses después la mamá de doña Lizet mejoró y entonces ambas mujeres decidieron seguir adelante vendiendo sopas en la casa, una amiga de Manzanarez le solicitó servirle de modelo para la aplicación de una mascarilla, esta accedió, de esa forma fue que Lizet conoció el mundo del estilísmo.

Oportunidades
“Llegar a esa academia de belleza fue como ver que otro mundo se abrió, me interesé mucho en lo que aquellas mujeres hacían, decidí aprender por seis meses después surgieron muchas oportunidades de trabajo”, refiere.

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Se enamoró estando en primer año en la universidad y quedé embarazada, pero no dejó de estudiar y trabajar.

Después de haber adquirido experiencia en los diferentes salones Lizet vio la necesidad de poner un negocio propio.

Inició alquilando un local y con mil dólares que la familia de su tío le había prestado, ahora su negocio “Peluquería Liz” ha crecido como la espuma.

“No tenemos otras sucursales del salón de belleza porque hemos decidido comprar propiedades para alquilarlas ahora tenemos seis casas en renta, yo pude salir adelante porque siempre tuve fe y lo logré con la ayuda de Dios y de muchas personas”, finaliza.

Éxito
Manzanarez coronó su carrera de contabilidad.
Ha viajado a diferentes países como Italia, México y EE.UU. para especializarse en el ramo de la belleza.
Se casó y hoy tiene una linda familia con sus dos hijas y su esposo.

  • Es una amiga y soy su clienta de años. El señor la ha bendecido grandemente, es una mujer triunfadora.

  • Claudia Ruiz

    Felicidades Liz…Por tu historia de vida…..digna de ser una gran mujer.

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