El callejón de la muerte en el mercado Oriental

Es el punto más peligroso del mercado, su historia incluye robos y asesinatos

Sus piernas están marcadas con varios nombres que son fáciles de observar gracias a la diminuta falda que luce; sus labios carnosos y pintados de color rojo se abren para gritar con tono de violencia que nadie puede entrar sin permiso al Callejón de la Muerte.

Al igual que esta mujer llamada “Chayo” hay cientos en este sombrío pasadizo que sirve para comunicar el sector de los pollos con la calle del antiguo Cine México en el mercado Oriental.

El famoso callejón mide aproximadamente unos cien metros de largo por dos de ancho, su extensión es insignificante para el terror que muchas personas le tienen.

Decididos a desentrañar la historia que guarda aquel peligroso lugar nos enrumbamos en él, pero después de dar unos diez pasos aproximadamente unas féminas se acercaron portando en sus manos un filoso y alargado cuchillo atentas a desafiar el lente de la cámara, misma que consideran su peor enemiga.

“Aquí no damos entrevistas y tampoco se permite tomar fotografías, así que es mejor que salgan por donde vinieron”, amenaza una de las mujeres que vende su cuerpo a cambio de unos pesos.

Los pies nos empiezan a tambalear a medida que avanzamos en aquel temido callejón, mismo que en su salida se torna más estrecho al punto de que solo pueden caminar una persona a la vez.

Punto “rojo”

La sangrienta historia del Callejón de la Muerte empezó a tornarse más violenta después de los años 80. Foto: Manuel Esquivel.
La sangrienta historia del Callejón de la Muerte empezó a tornarse más violenta después de los años 80. Foto: Manuel Esquivel.

Pero la historia de este lugar ha cambiado mucho según dicen los comerciantes que se ubican a la salida del callejón

“La fama de ser el lugar más peligroso del Oriental no se la ha ganado de gratis, su historia está marcada de luto, sangre y delincuencia, y es de ahí de donde se deriva su nombre”, expresa Ángel González, vendedor de abarrotes en las cercanías del pasadizo.

Sin embargo antes de los años ochenta este era solo un predio baldío donde los buses desembocaban desde varias partes de Managua, aunque ya habían varias casitas construidas de tabla ninguna de estas servía de prostíbulo.

Pasados los años ochenta la historia se fue tornando sangrienta ya que los inquilinos fueron desalojados y se empezó a construir más casitas de madera para atender a los clientes.

“Pasar por ese lugar era peligrosísimo, las mujeres le robaban a los clientes y cuando no les pagaban estas se desquitaban apuñalándolos. Conocimos de varios hombres que murieron entre las sábanas de aquellas mujeres, nosotros tenemos más de 40 años de habitar aquí cerca de ese callejón y prácticamente nos hemos acostumbrado a ser testigos de los hechos delictivos que acontecen en ese lugar”, relata Asunción Cano.

Quienes conocen este lugar desde sus inicios aseguran que se convirtió en un territorio intransitable donde esporádicamente la Policía o el personal de seguridad del mercado pueden entrar.

“Es un suburbio dentro del Oriental, donde aún se conservan actos delictivos pero quizás no con la misma intensidad que antes, sin embargo es mejor no retar a la muerte y no transitar por ese sitio”, finaliza Cano.

Temor

Temor De acuerdo con Juan Carlos Sandoval, inspector de seguridad del grupo de intervención contra el delito en el mercado Oriental, el temor que muchas personas tienen de este lugar se debe a que en años anteriores desde ahí empezaba el foco delictivo en ese mercado. “Era el refugio o guarida de quienes robaban en el Oriental, además estos eran acuerpados por las trabajadoras sexuales ya que en algunos casos ellas eran cómplices de los delincuentes, y quienes se atrevían a entrar y reclamar sus pertenencias en ocasiones no salían vivos del lugar para contar el cuento”, asegura Sandoval.
La prostitución es un antiguo oficio que se practica en este lugar. Foto: Carlos Valle.

De acuerdo con Juan Carlos Sandoval, inspector de seguridad del grupo de intervención contra el delito en el mercado Oriental, el temor que muchas personas tienen de este lugar se debe a que en años anteriores desde ahí empezaba el foco delictivo en ese mercado.

“Era el refugio o guarida de quienes robaban en el Oriental, además estos eran acuerpados por las trabajadoras sexuales ya que en algunos casos ellas eran cómplices de los delincuentes, y quienes se atrevían a entrar y reclamar sus pertenencias en ocasiones no salían vivos del lugar para contar el cuento”, asegura Sandoval.

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