“Atrapados por amor”

Extranjeros a los que Nicaragua les cambió la vida

extranjero
El amor a la libertad que buscaban los atrapó en el Oriental.

Juana Huete Sequeira

HOY

Muchas veces se ha dicho que el mercado Oriental es una gran ciudad en medio de la capital, para comprobarlo se necesita llegar a cada rincón y a cada puesto de aquel comerciante que tiene una historia que contar y así conocer a personas como Amador Gómez, de origen cubano, y Eugenia de Reyes, nacida en El Salvador.

Ambos trabajan como comerciantes en este centro de compras, pero sus historias son completamente distintas, aunque el Oriental los una.

“Viví desde los 10 años en Estados Unidos, allá conocí a mi esposo que también es salvadoreño, una vez él viajó a Nicaragua para visitar a su padre quien llevaba años trabajando aquí y cuando regresó me dijo: Nos vamos para Nicaragua, ese país es bonito”, recuerda Eugenia.

Al inicio no compartía la misma ilusión de su esposo, pues sentía que “en los Estados” tenía todo para ser feliz, esto cambió cuando llegó por primera vez al país, al pasar la frontera recuerda sentir que respiró paz o lo que ella llama “aires de libertad”.

En cambio Amador solo miraba Nicaragua como un puente que quería cruzar para cumplir su sueño americano, llegó al país y todo cambió, conoció a su actual esposa y el amor lo llevó a otro rumbo.

Después de pasar varios procesos estos dos extranjeros se convirtieron en residentes nicaragüenses, luego en comerciantes de este mercado.

“Recuerdo que mi suegro nos dijo que nos vinieramos aquí, que pusieramos un negocio y seguimos el consejo que ahora nos tiene aquí felices”, expresa la salvadoreña de 49 años.

Amador en cambio retomó un sueño empolvado, siempre imaginó tener su propio negocio y poder trabajar tranquilo, algo que en su país nunca cumpliría.

“Le dije a mi esposa que yo quería mi negocio, que necesitaba trabajar en un proyecto mío y fue así que con su ayuda llegué a este puesto donde ahora doy empleo a tres personas”, manifiesta Gómez.

Amistad

Según estos dos comerciantes, una de las cosas más importantes que encontraron en el país es el cariño y respeto de toda la gente que los ha rodeado en el mercado.

“Si algo me encanta de Nicaragua es la gente, yo aquí en el mercado tengo muchos amigos y eso para mí es fabuloso”, expresa el cubano que todavía no pierde su acento, a pesar de que lleva tres años viviendo en el país.

Eugenia tampoco pierde el acento tan conocido de nuestros hermanos salvadoreños, aún llevando 16 años de vivir en Nicaragua.

“En el mercado a mi esposo y a mí nos conocen como los salvadoreños y la gente nos ha tomado mucho cariño y nosotros a ellos, porque ahora nos sentimos más nicas que salvadoreños”, manifiesta Reyes.

El motivo que tuvo Eugenia y su esposo para no querer volver a su país es el que la mayoría conoce y por el que mucho todavía tienen miedo de compartir su historia.

“La violencia allá es algo que todavía me paraliza, de hecho que antes de tener residencia me tocaba viajar seguido y un día antes de mi viaje empezaban todos mis malestares”, cuenta la comerciante.

Desde mareos, dolor de estómago y nervios alterados eran los síntomas de no querer volver a su país por miedo a que los mareros la vieran y secuestraran por ser extrajera para pedir el famoso “peaje”.

El miedo de esta mujer está basado en las miles de dificultades que ha pasado su familia en El Salvador y a la que muchas veces no ha podido ayudar como desea.

Gómez tampoco piensa volver a su país, aunque extrañe a sus familiares y amigos, porque la libertad que encontró aquí era justo lo que quería buscar en los Estados Unidos.

Cambio positivo

Vivir en Nicaragua no era el sueño de estos dos comerciantes que ahora sienten que Dios les dio la oportunidad de quedar atrapados por el amor a la libertad, al comercio y a las nuevas experiencias.

“Mi bendición esperada llegó aquí, yo no podía salir embarazada y a mis 47 años llegó mi hija, una pequeña nica”, cuenta sonriente Eugenia.

Historias como estas se murmuran por los recovecos del mercado, para poder conocerlas hay que profundizar en las casi 130 manzanas que componen el Oriental.

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