El ratoncito desobediente

Lea este maravilloso cuento con sus hijos

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HOY/Colaboración
Esta es la historia de Pepe, un ratoncito desobediente que no hacía caso a sus padres. La ratoncita Mechita era su madre y el ratón Chon su padre. Tenía dos hermanos, Rosita y Tatito. Esta familia de ratoncitos vivía en una hermosa finca con muchos árboles, establos y toda clase de animales.

Pepe, corriendo era veloz y siempre presumía de su cualidad. Nació con sus patitas más largas que el resto de su especie. Cada vez que iba al colegio pasaba entre las patas de las vacas, luciéndose ante sus compañeros. A pesar del peligro de morir aplastado por las pezuñas de las vacas, siempre salía ileso.

Cuando sus padres se enteraron de la imprudencia de su hijo Pepe, le llamaron la atención y lo aconsejaron:

—Hijo -dijo la mamá- no hagas eso, un día no tendrás tanta suerte.

—No soy como el resto y no es cuestión de suerte -contestó Pepe.

—Pero hijo, no seas soberbio -replicó el papá-. Sé humilde e inteligente.

—No se preocupen –volvió a decir Pepe- mis patas jamás dejarán de ser las más veloces.

El ratoncito Pepe no hizo caso y sin importarle la preocupación de sus padres, continuó realizando lo que él llamaba “el acto maravilloso”. Pero un día no resultó como los anteriores.

El ordeñador de la finca se levantó malhumorado y golpeó a las vacas, quienes reaccionaron aligerando su paso. Esta vez, corrieron más de lo normal. Pepe las vio venir y, sin darse cuenta que venían más aprisa, se aventó de nuevo entre las patas del ganado.

Fue grande su agobio que se movió de un lado a otro, tratando de escapar de las fuertes pisadas. Cuando estuvo próximo a llegar al otro extremo, una pezuña machucó una de sus patitas, fracturándola.

Pepe logró escapar de la muerte, pero salió herido. Pasó cinco meses en cama, hasta que su fractura sanó.

El ratoncito desobediente volvió a caminar, pero nunca más volvió a correr. Jamás sería el gran corredor olímpico que soñaba.

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