Payaso: un arte entre risas

De niño nunca imaginó convertirse en lo que más le asustaba: un payaso

HOY/ Raquel Acosta

payaso

Detrás de la nariz roja, su ropa brillante y un par de zapatos gigantes está Luis Fernando López, un padre responsable y un esposo detallista que ama a su familia y es feliz con su trabajo de payaso.

Sinmuelitas es el nombre artístico de Luis, pero en este mercado lo han llamado Orientalito, por el trabajo que ha desempeñado dentro de este centro de compras.

“Animo las ferias escolares desde que iniciaron, en el sector de los uniformes, mochilas y zapatos. Ya cinco años. Y antes de eso hacía uno que otro trabajito en animación y venía a vender globos. Así me conocieron”, cuenta Orientalito.

Con aptitud

Para ser payaso se requiere de vocación, improvisación, humor, alegría y mucho dinamismo, dice Sinmuelita. Características que Luis Pérez ha fortalecido en el camino de su trabajo, pues nunca soñó con dedicarse a hacer reír a la gente.

En la infancia de Luis los payasos eran parte de sus miedos, “les tenía fobia, me horrorizaba cuando los miraba”, confiesa entre risas.

Pero este panorama cambió cuando conoció la función de un payaso, tanto que piensa envejecer con su ropa de colores y su cara pintada, llevando alegría a los demás.

“Tenía 11 años cuando empecé a trabajar en una agencia de payasos. Ayudaba a arreglar las máquinas de hacer algodón y palomitas, brinca brinca y todo eso. Muchas veces fui con los payasos (de la agencia) a los eventos, así me empezó a gustar y fui agarrando experiencia”, relata Orientalito.

Se enamoró del mundo del entretenimiento, y Payasos Zanquis fue la primera plataforma de Sinmuelita; tiempo después iniciaría su proyección independiente.

Su vocación de payaso durante 12 años ha tenido que forjarla de experiencias y apoyo de otros amigos, porque todavía no tiene la oportunidad de tomar estudios.

“He aprendido globoflexia, pintacaritas, trucos de magia, teatro, zanquismo, monociclo, malabares y la animación”, comparte Orientalito.

Este payasito siempre está preparado para cualquier espectáculo. Es parte de su disciplina ensayar tres veces a la semana con otros colegas.

“Más humano”

Para Luis, el arte de hacer reír a los demás le ha permito ser “una mejor persona y más humano” ya que ha tenido que llevar alegría a sitios donde hay mucho dolor.

“He aprendido lo que es la tristeza de las personas. Cuando voy a los hospitales y veo a los niños con cáncer, poder transmitir una sonrisa, eso satisface”, comenta Orientalito, como parte de lo que ha aprendido.

Cada día es único para Sinmuelita y disfruta al máximo. Revela que su comida favorita es la sopa de mondongo y su color favorito es el amarillo por ser el color más “chillante, el color del sol, del día, el color de la vida”.

Trabajar para Sinmuelitas es fácil, solo tiene que pensar: “Los problemas los dejo guardados en mi casa y la función tiene que continuar”.

Más de él

El origen del nombre Sinmuelita es un secreto que solo su esposa conoce y que piensa relatar hasta que se vuelva famoso.

Estudió mecánica y mantenimiento.

Hace diez años se casó y tiene dos niños, de 8 y 5 años. Ambos disfrutan de tener un papá payaso y el menor piensa seguir sus pasos.

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