El desfile del circo

Un bonito cuento para leer en compañía de sus hijos.

 

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HOY/ Colaboración

¡Llega el circo!
¡Llega el circo!
¡Llega el circo de Santiago a presentar su función!
Grandes y chicos nos lanzamos a la calle para ver su desfile de ilusión.

Así inicia el recorrido, por los bulevares de mi pueblo, el domingo muy temprano el Circo de Santiago.

Los primeritos en marchar, de dos en dos, son los elefantes; inmensos mamíferos de las islas orientales cuyas trompas balancean con soltura.

Tres monos cara blanca reparten papeletas, y un payaso divertido moviendo un manubrio hace sonar una música de fiesta.

Dentro de una formidable pila un hipopótamo se aproxima; y un gorila lomo plateado nos hace reverencia.

Los tigres de Bengala son impresionantes. Abren sus fauces las fieras y, de cuando en cuando, emiten rugidos que nos hacen parar las orejas.

Al otro extremo, en su respectiva jaula, el rey de la selva muestra sus potentes colmillos a las hembras.

Una vicuña nos saca la lengua y cinco malabaristas nos piruetean.

Los chihuahuas adiestrados son para morirse de risa… Brincan en dos patas moviendo sus colitas.
A lo lejos se oye el relincho de las yeguas peruanas. Hermosas potras que llevan en sus grupas apuestos jinetes que sonríen a la gente.

Arriban a la formación los ponis cola larga y de ásperas crines. Y en una jaula distante, suelta el gruñido el oso cantante.

Bellas damiselas, con sus trajes apretados, contonean sus cinturas de uno a otro lado.

De un estanque surge la foca, y la mujer barbuda a los niños saluda.

Cinco acróbatas romanos, montados en monociclos, reparten bombones al público asombrado.

Avanzando como una tarántula pasa la contorsionista, y sobre un cama de afilados clavos descansa el faquir.

El hombre más fuerte del mundo se rasca la nariz mientras levanta con su otra mano cien libras de titanio.

El enano risueño se peina su cabello y el tragafuegos se mete a cada rato una estaca encendida en la boca entreabierta.

No deja de impresionar lo que hace el mago Merlín elevando por los aires, con el poder de su mente, una pesada bola de marfil.

Un poco más atrás, con sus trotes retardados, camellos, cebras y dromedarios son avivados por el látigo de la mujer araña.

Finalmente, entre tanta fanfarria, aparece un cuello largo y manchado cerrando la caravana. Es la jirafa el animal que faltaba.

Viene comiendo las africanas hojas, cardos y espinas de tupidas madreselvas y cañafístulas envejecidas que encuentra a su paso.

¡Llegó el circo!
¡Llegó el circo!
¡Llegó el circo de Santiago y mientras todos ven su desfile yo dispongo de mi mejor traje para ir a su función!

El autor es escritor.

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