Casas solariegas a pleno sol

En sus 55 años de pintar, Alfonso Ximénez habla de su experiencia artística, sus ideas y nuevas metas para el 2016

Foto: Arnulfo Agüero

HOY / Arnulfo Agüero

En las pinturas de casas solariegas nicas se percibe la vida y el esplendor del mediodía, magia de las artes plásticas alcanzada en escalas de tonos calientes, contrastados y casi puros, así en composiciones de movimientos sueltos, no lineales, dice el pintor Alfonso Ximénez, al hablar de su arte de reflejos de luz solar.

Su más reciente muestra personal la exhibió en el Salón de los Cristales del Teatro Nacional Rubén Darío, que tituló Allegro trotante, una iconografía de la casa nica urbana y rural que vistió su propia poesía “bajo el nicaragüense sol de encendidos oros”, exaltó el pintor.

Temas como la Catedral de León o la Iglesia del Calvario, esquineras de casas, casas coloniales detrás del Antiguo Convento San Francisco de Granada, con sus callejuelas, zaguanes, corredores amplios, han sido registrados en las composiciones por Ximénez.

Al igual temas de Managua antes de los años setenta del pasado siglo, de mercados; así casas más campestres como las de Somoto retratan su imaginario de viviendas urbanas y rurales, las que vienen a ser para este pintor sus “búsquedas de monumentos a la luz y color”.

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De sus técnicas explica Ximénez, sus pinturas han sido dibujadas en tinta china, acuarelas; pintadas en acrílicos u óleos; y trabajadas en espátulas, esta última técnica aprendida de su maestro Rodrigo Peñalba, director de la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Reconoce que su escala de colores tonales buscan la expresión de un “pleno día en su cenit”. Esto ha sido posible al estudio de la atmósfera tropical nicaragüense, de sus constantes visitas a las ciudades en horas de sol intenso, y de sombras proyectadas.

Esto le permite alejarse del gris, de las sensaciones de tristeza y de frío. Si bien, explica, sus casas no están habitadas, la vida fluye en ellas mismas a través de la intensidad de los colores vivos. “Es para mí viene a ser un maravilloso derroche de colores y formas simples”, expresa.

De la pintura al mural

Sus pinturas las ha llevado a las formas del arte monumental. Así pintó el mural de más de nueve metros, en la pared sur del edificio de la portuaria de Corinto. Esta tiene referencias del muelle de la ciudad, y la imagen de un Rubén Darío gigante.

También pintó un mural de casas nicas esquineras en la zona del Jardín de Ibsen, en el Instituto Nicaragüense de Cultura. Otro en el centro recreativo El Panal.

Así una escenografía en el estreno de la obra La zapatera prodigiosa de Federico García Lorca, en la Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío en 2013. Además ha trabajado sus pinturas en formato de “ojo de pescado”, es decir circulares. Su labor ha sido reconocida con la Orden Independencia Cultural Rubén Darío.

“Ahora me siento con una juventud permanente y de vanguardia, y mis metas son trabajar duro este año, porque pienso organizar una gran exposición personal, y regalarle a Managua un mural”, deseó Ximénez.

“Fui un colaborador del poeta Pablo Antonio Cuadra, hacíamos la portada y el contenido gráfico; y una vez sacamos varias ediciones de La Prensa Literaria Centroamericana”, recuerda Ximénez, quien trabajó en la sección de artes de LA PRENSA, entre 1969 y 1974.

Alfonso

Por sus temáticas afines al dibujo del paisaje nicaragüense, Ximénez se identifica con los dibujantes Carlos Montenegro, y Silvio Bonilla, ambos surgieron en los setenta con gran ímpetu promovidos en la galería Tagüe, por Mercedes Gordillo.

Después de vivir un tiempo en Managua, Ximénez se trasladó a Costa Rica, en este país trabajó grabados junto a Rodolfo Abularach, luego viajó a San Francisco, Estados Unidos.

Un managua autóctono

Ximénez se retrata como un Managua autóctono, que durante el parto su madre fue atendida por una partera en casa: “Así nací un 13 de noviembre de 1948, de la Iglesia Cristo el Rosario, media cuadra al sur, contiguo a la pulpería de Doña Andreita”, revela el pintor.

Y su primer maestro de dibujo en la primaria, agrega, fue el muralista y pintor César Caracas, cuando éste impartía sus clases en el Primero de Febrero (ahora Rigoberto López Pérez.

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