Taxistas ilegales se la juegan para conseguir el “pan” diario

Los "dueños de la noche" prestan el servicio en la ruta Diriamba, Jinotepe.

 

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HOY/Carazo

Una de las gasolineras que se ubica a escasos metros del mercado Municipal en Diriamba, ha servido de parada desde hace muchos años para los taxis ilegales o piratas que prestan el servicio de noche y de madrugada hacia la ciudad de Jinotepe.

Son aproximadamente como diez unidades que aunque no lucen en tan perfectas condiciones, sacan de apuros a muchos ciudadanos que urgen del servicio.

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Todos los días, a las 6:00 de la tarde empieza la jornada laboral y entre las 2:00 y 4:00 a.m. puede ser la salida, aunque si la demanda de usuarios incrementa, la hora podría variar, pero ganar es lo que más les interesa.

A pesar de no contar con un permiso de operación de parte de la Alcaldía, ni con un lugar autorizado, estos obreros del volante trabajan de manera ordenada, cada noche se reúnen y se enfilan uno tras otro, hasta que llega el turno de salida.

“El trabajo que hacen es excelente, así ayudan a las personas que viajan de noche, ya que no se encuentran buses, entonces tenemos que transportarnos con ellos”, expresó Jordan Obando, usuario.

El pasaje hacia Jinotepe actualmente cuesta 7.50 córdobas, pero ellos por la noche hasta las 9:00 p.m. cobran la tarifa en 10, luego el precio se vuelve negociable, siempre dependiendo de la ruta y el recorrido.

Servicio e historia

Los clientes de estos taxistas, pasada las nueve de la noche, son personas que buscan que los lleven a los hospitales, hospedajes, bares y restaurantes.

Estos trabajadores del volante realizan viajes expresos hacia otros departamentos, como Managua, Granada, Masaya, Nandaime, entre otros y el celular es la clave para solicitar el servicio, sino habría que llegar hasta el sitio.

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Miguel Ángel García Sánchez de 55 años, junto con sus hijos en el año 1993, fueron los primeros que se aventaron a trabajar como taxistas ilegales en la gasolinera y afirma que en sus inicios fue bastante duro, porque las autoridades departamentales (Alcaldía y Policía) los seguían como que eran unos delincuentes.

Le apresaban sus vehículos y les ponían multas para que dejaran de prestar el servicio, pero ahora afirman que todo ese hostigamiento terminó, porque según ellos no afectan el corredor de Diriamba-Jinotepe y que trabajan solamente cuando los demás no lo hacen.

“Cuando nos llaman piratas nos sentimos denigrados ante la sociedad y trabajamos de la pura necesidad de sobrevivir”, dijo García.

Quien también argumentó que por la noche han sido algunas veces víctimas de la delincuencia, que por querer robarles los han tratado hasta de matar, pero que como medida de seguridad, se apoyan entre todos, se fijan muy bien en las personas que abordan sus vehículos y se mantienen comunicados vía telefónica.

 

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