Con amor y devoción a la virgen María

Melba Sánchez tiene 35 años de celebrar a la virgen María

HOY/ Raquel Acosta

 

Personaje Arte

Cuando doña Melba Sánchez abrió sus ojos al mundo ya conocía lo que era el mercado, lugar que se convirtió en la fuente de empleo para su madre y con los años lo sería para ella y sus hijas. Todavía continúa dentro del Oriental, pero más congregada al servicio de los comerciantes como líder, espacio desde donde promueve la fe hacia la madre de Dios, la Virgen María, a quien considera “una fiel interceptora de las peticiones” ante su hijo Jesús.

La lotería y la ropita de “partida” fueron las primeras mercancías que vendió esta mujer luchadora al lado de su madre, en el famoso y ahora desaparecido Mercado Central, desde donde emigraron al Oriental después del terremoto del 72.

Doña Melba exalta el hecho de que su madre se haya “amarrado bien el delantal” para trabajar y lograr criar a sus hijos siendo mamá soltera.

Para esta líder y comerciante nada le ha sido fácil, pero a todo ha sabido sacarle provecho.

“Para mí, el Oriental ha sido una escuela en la que he tenido que aprender a vivir. Muchos pueden creer que las cosas aquí son fáciles pero no es así”, comparte.

La desdicha sentimental que vivió doña “coquito”, su mamá, también trazó la vida de doña Melba. “Por más que intenté que mis hijas vivieran con su padre, fue muy difícil”, comparte Sánchez. Doña Melba tiene los desagradables recuerdos de su expareja, quien durante siete años de relación le dio mala vida. “Cada vez el maltrato era más fuerte, eran otros niveles y no lo podía seguir permitiendo, debía asegurar otro estilo de vida para mis hijas”, expresa convencida de que fue la mejor decisión.

Un Milagro

“Me considero una devota de la Virgen María como interceptora, ante nuestro Señor Jesucristo”, dice doña Melba, quien también cuenta que fue hace 35 años cuando “nosotros empezamos a celebrar a la Virgen en la casa, producto de una petición que yo le hice a nuestro Señor Jesucristo, estando ella (la Virgen) como interceptora, porque no tenía donde vivir. Andaba rodando”, expresa.

La petición se cumplió y la Virgen intercedió para que esta familia tuviera un techo. Como que tal se lo hubieran preparado especialmente. Semanas después obtuvo el único espacio disponible que quedaba en el barrio Martin Luther King, donde pudo construir su hogar y empezar una nueva vida hasta hoy.

Después de tantos golpes que vivió, la Iglesia católica se convirtió en un refugio muy importante para doña Melba. “La Iglesia ha venido a llenar un gran vacío que tenía”, asegura Sánchez, quien también pertenece a una comunidad.

Desde 1980 esta líder está al servicio de los demás, lo que considera don de Dios. Confiesa que no es fácil quedar bien con todos, pero seguirá ayudando a sus compañeros comerciantes.

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