Los 6 errores de dinero que toda pareja debería evitar

Se identifican con alguno de ellos

 

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Casarse o directamente convivir con otra persona es una de las decisiones más importantes de la vida, al pasar de una situación más individualista a una en donde “compartir” pasa a ser el factor clave del éxito de la relación.

Se compartirá la casa, la cama, las salidas, las comidas…todo pasará ahora a dividirse por dos, pero: ¿Qué sucede con el dinero y los temas relacionados a las finanzas personales en una pareja que comienza su vida compartida?

El primer error que se suele cometer en este campo es buscar una respuesta general que abarque a todas las parejas. Así como cada individuo es distinto y lo que funciona para uno puede no funcionar para otro, con las parejas y la dinámica que se establece entre sus miembros pasa algo similar: cada pareja debe encontrar la metodología que mejor se adapte a su forma de concebir la vida en conjunto.

Veremos a continuación 6 errores de dinero que toda pareja debería evitar según el portal La Nación

1) No mientas acerca de cuanto dinero debés

Este no es momento para tener vergüenza o querer perfeccionar la imagen que nuestro/a compañero/a tiene de nosotros ocultando deudas contraídas con bancos, instituciones, amigos o hasta familiares.

Tener una charla a “corazón abierto” en cuanto a las deudas existentes de nuestra “vida anterior” no se presenta como una situación demasiado romántica, pero si necesaria.

La decisión de ocultar esto pensando en cancelar mis obligaciones sin que la otra persona se de cuenta es comenzar con el pie izquierdo. La confianza en la pareja, como en lo demás ámbitos, es algo que cuesta mucho recuperar una vez que se ve traicionada.

2) No mientas acerca de cuanto ganás por mes

En el caso anterior, la mentira emerge por vergüenza a que nuestra pareja se entere de que debemos dinero y eso perjudique la imagen que tiene de nosotros. En este caso, la falsedad aparece buscando beneficiarse en el reparto de gastos o por lo menos no salir tan “perjudicado” (desde la perspectiva de quien incurre en este comportamiento).

Este es quizá uno de los tips más difíciles de seguir en un país en donde son muy pocos los que hablan abiertamente acerca de sus ingresos, convirtiendo este tópico en uno de los temas tabú por excelencia.

En el momento en el que se decide la división de los gastos (veremos más acerca de esto a continuación), y teniendo en cuenta que los ingresos son un factor importante en esta división, aumentan los estímulos de “tirar abajo” la “declaración de ingresos matrimonial” para equilibrar las erogaciones.

El problema aquí es que este es uno de los típicos casos en donde la mentira tiene patas cortas: en algún momento, por accidente o no, el verdadero nivel de ingresos queda en evidencia y la confianza de la pareja sensiblemente dañada.

3) No pienses que dividir 50 y 50 es siempre la solución

Mucha gente piensa que la solución al problema de la división de gastos pasa por dividir 50 y 50 (mitad cada uno), abriendo una cuenta bancaria en conjunto y aportando cada uno en partes iguales el dinero mensual que luego se usará para los gastos corrientes.

Este arreglo funciona a la perfección mientras el ingreso de ambos sea similar, pero puede ser vivido como una injusticia por una de las dos partes si existen diferencias de ingresos entre los componentes de la pareja (siempre y cuando no exista también una deuda anterior que haga que caiga el ingreso real luego del pago mensual de la misma).

Aquí es donde el punto anterior se hace más importante: “blanquear” nuestro nivel de ingresos y deudas reales debe llevar a una división justa y equitativa en función de los recursos mensuales con los que cuenta cada uno.

De esta manera, una división 60/40 o 70/30 puede tener más sentido y dejar a ambas partes más contentas, eliminando resentimientos y sensaciones de injusticia que una división 50/50 puede acarrear.

4) No darle a uno de los dos el control total del dinero

Es muy común que las parejas decidan que uno de los dos integrantes (que no tiene porque ser necesariamente quien más gana), tome el control de las finanzas personales de la casa y que el otro delegue esa responsabilidad y asuma un rol más pasivo.

Este comportamiento, si bien puede parecer cómodo, no es lo mejor ya que la persona que tiene el control se puede empoderar fácilmente, trayendo problemas y discusiones en donde la otra persona asume a su vez el rol de víctima y se crea una dinámica compleja y tóxica en cuanto a lo vincular.

Las decisiones en cuanto al destino del dinero (ahorro, gasto, inversión) deben ser consensuadas por ambos y no debe asumir uno solo el control de la situación.

De esta manera, la responsabilidad es compartida cuando las cosas salen bien y cuando salen mal, lo cuál lleva a que los “reproches” y el “pase de facturas” en la pareja por temas de dinero carezcan de sentido.

5) No cometas infidelidades financieras

Se dice que existe una infidelidad financiera cuando uno de los componentes de la pareja realiza gastos sin el conocimiento de la otra parte. Los mismos pueden incluir desde compra de ropa hasta préstamos a familiares o amigos sin el consentimiento de la pareja.

Este tipo de mentiras u omisiones se relacionan directamente con el miedo al conflicto. Al suponer que nuestra pareja se va a enojar cuando se entere de nuestros gastos o deudas, preferimos esconderlos y ahorrarnos un momento incómodo.

Siempre va a haber infidelidades financieras porque nadie le dice a su pareja todos los consumos que hizo en el día. La solución aquí pasa por fijar un importe a partir del cuál tengamos que comunicarle al otro los gastos realizados.

6) Desconocer cuáles son los temas de dinero sobre los que hay que hablar

“La pareja debe hablar de manera regular sobre temas de dinero” es un consejo común en lo que respecta a las finanzas personales, pero la pregunta es: ¿cuáles son los ítems que deben abordarse y de que manera?

En primer lugar, es importante crear contexto para la charla. Hacerla a las apuradas o en un lugar en donde no se tenga la suficiente privacidad es la mejor manera de que la misma pierda importancia.

 

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