El guerrero del tiempo

El reloj de Diriamba es considerado el segundo ícono de la ciudad

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HOY

 

Como un fiel testigo de la historia de Nicaragua, se mantiene la majestuosa torre del reloj de Diriamba, aunque el tic tac de sus manecillas no son permanentes, su origen se remonta a 1934, fecha en que ingenieros nicaragüenses empezaron a darle forma a este ícono muy particular de Diriamba.

 

Es imposible evitar el sentimentalismo y emotividad con que el historiador diriambino, Héctor Octavio Argüello habla de esta hermosa obra.“Inigualable en todo el país, comparable a las torres de reloj de San Salvador, el reloj es más que un punto de referencia para nuestro municipio, es una representación histórica de nuestro pueblo”, refiere.

 

Su origen

 

Según el historiador en la época de intercambios económicos más fuertes entre Nicaragua y Europa, “La llamada época de oro del café”, muchos de los hijos de los grandes capitalistas fueron a estudiar al extranjero, después de muchos años, y con la llegada de los nuevos profesionales también llegó la modernización. En 1904 surgió la idea inicial de construir una torre, un ícono que representara a la ciudad.

 

Los que impulsaron la idea, fueron Alejandro Alemán y María del Pilar González, en ese entonces, pobladores de Diriamba.

 

“La mayoría de las iglesias en las cabeceras departamentales del país poseen en su cúspide un reloj, ya sea que estos funcionen o que únicamente simbolicen el llamado cronómetro del tiempo. Pero Diriamba es única, porque posee un reloj con su propio edificio” comenta Argüello.

 

Emblemático

 

El punto donde se ubica el reloj fue muy debatido para entonces por los arquitectos. Según el historiador se erigiría en el centro de la ciudad, pero había un grupo que se oponían argumentando que no era el lugar apropiado, ya que las campanas que sonaban indicando la hora, no se escucharían en el lado Norte de la ciudad.

 

Luego de varias reuniones la decisión fue definitiva, se construiría la torre en la parte Este, hacia arriba cercano a la iglesia de San Caralampio en Diriamba, lugar donde ahora se encuentra.

 

Concluida su construcción a lo inmediato se convierte en un emblema relevante de la Diriamba moderna, la atalaya (tiempo) se observa por los cuatro puntos cardinales y señala todas los rumbos geográficos que conducen a la ciudad, convirtiéndose en vigilante y acompañante del día y la noche.

 

Guerrillero

 

Los Diriambinos se sienten orgullos de ser parte de la ciudad del gran reloj y a como refiere don Antonio López, de 87 años. “El reloj es un testigo fiel de la historia del país”.

 

“La estructura ha sido dañada en reiteradas ocasiones, pero aún sigue aquí, durante la guerra nacional sufrió daños en su estructura, pero el gobierno mando a repararlo” añade López.

 

El terremoto de Managua de 1972 fue de magnitud 6.2 grados en la escala Richter, pero no causó daños graves a la estructura, solamente dejó unas grietas en sus paredes, pero fueron reparadas tiempo después.

 

En octubre de 1998 durante el huracán Mitch, el reloj fue testigo de la destrucción que ocasionó a su paso en el país, pero este se mantuvo imponente.

 

 

 

  • BUEN TRABAJO DE LA PERIODISTA, UNA REALIDAD DEL TIEMPO CONCATENADA CON ESCENARIOS INÉDITOS. EL DISEÑO ES BUENO, ATRAPANTE A COMO YO DIGO CUANDO ALGO ME ATRAE.

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