Otto de la Rocha: un orgullo nacional

Es considerado una de las joyas artísticas pinoleras

HOY

 

Alegre, elegante y optimista, así suena la voz de quien representa la picardía en el son nicaragüense y quien ha robado con su sentido del humor las risas y el cariño del público pinolero, él es Otto Benjamín de la Rocha López, un orgullo nacional.

 

Don Otto aparenta físicamente menos de 60 años de vida, pero su espíritu es aún más joven. Aunque con sinceridad y orgullo afirma que tan solo ayer 23 de agosto cumplía sus 82 primaveras.

 

Desde cantante y compositor hasta intérprete, humorista e imitador de voces y locutor de radio, este artista es considerado uno de los íconos principales de la representación cultural nicaragüense.

 

Con su larga lista de personajes, como Aniceto Prieto, Pancho Madrigal, el Indio Filomeno, Lencho Catarrán, entre otros, ha cautivado a más de una generación y sin dudas sigue dejando huella en el desarrollo cultural del país.

 

Para este artista el arte tiene muchas expresiones, pero a nivel personal le emociona cantar y hacer teatro. Y dentro del desarrollo del arte para él lo principal que un artista debe conservar es la puntualidad.

 

Para Ronald Abud Vivas, director del Ballet Folclórico Nicaragüense, “Otto de la Rocha es una de las voces de mayor integridad nacional, un personaje que está arraigado en el pensamiento de identidad nicaragüense, sus sones son lo mejor para un baile en el escenario”.

 

Y es que ¿quién no ha sucumbido ante los sones de Otto de la Rocha? Sus éxitos enriquecen el alma del pueblo nicaragüense. Son joyas musicales en toda su expresión, pues no solo presentan ritmos pegajosos o buena musicalización, también revelan historias divertidas, románticas. Entre su repertorio de canciones más reconocidas destacan Pelo de Maíz, Managua linda Managua, Una Canción, Plutarco Malpaisillo, etc.

 

La radioemisora fue el primer medio de difusión donde De la Rocha brilló como estrella. Ahí desarrolló sus primeros personajes y forjó su nombre como artista.

 

“Es un artista de calidad, es un amigo entrañable a quien aprecio mucho. Durante veinte años estuvo en el programa de Pancho Madrigal. Por el talento de Otto el programa fue escuchado por toda Nicaragua”, comenta Fabio Gadea Mantilla, director de Radio Corporación.

 

Gadea también asegura que hizo hasta lo imposible por que De la Rocha se quedara trabajando en la Corporación, “pero sus hijos lo convencieron para que se fuera para emisoras oficialistas, él tiene sus razones”, finaliza.

 

Si embargo, los programas grabados de Pancho Madrigal siguen siendo transmitidos a la 1:00 de la tarde y 9:00 de la noche en radio Corporación.

 

Actualmente Otto tiene tres programas radiales de gran éxito: Lencho Catarrán, La palomita mensajera y La paloma caliente, este último es el único programa que se transmite en vivo. Se siente muy bendecido de conservar la misma chispa de antes para seguir haciendo historias y así divertir a su pueblo.

 

“Lo que me ha mantenido es el cariño de público, mis programas se escuchan porque la gente me quiere y la verdad yo les tengo mucho aprecio”, expresa.

 

También trabajó de la mano con Carlos Mejía, quien se expresa con mucho cariño del artista, como todo fiel amigo.

 

“¿Quién no recuerda el Indio Filomeno o Corporito? (…) Los dos incursionamos en la creación de sones nicaragüenses. Jamás hubo entre nosotros competencias mezquinas ni serruchaderas de piso, formas de ser tan comunes en el ambiente artístico. (Para mí) es un primo no solo por el apellido materno, sino por muchas vivencias juntos”, manifestó Mejía.

 

Radio y música

 

Su primera incursión radial fue en 1948 en una emisora popular en el país para esos años, La voz de la victoria. Cuenta que entró a concursar en un programa de aficionados, se inscribió y por dos semanas consecutivas ganó el primer lugar.

 

En 1963 ingresó a las filas de locutores de Radio Mundial. El primer día que Otto le prestó su voz a Pancho Madrigal, al entonces presidente Luis Somoza Debayle se le ocurrió “bajar del poder” para ser entrevistado y pidió conocer las instalaciones, yendo a dar en el local donde se estaba grabando el cuento. “Yo estaba nervioso me temblaba todo el cuerpo, sudando, porque allí estaba el hombre. No le dije nada ni me dijo nada”, recuerda.

 

Fue para esa misma época que sus dotes como músico resaltaron más y fue invitado a cantar con varios grupos.

 

“Eleazar Galo (q.e.p.d) y Julio Varela, este último ahora residente en Chicago, Estados Unidos, me escucharon en el programa y me buscaron para armar un trío que se llamó, Trío Los Bambi”, relata el cantautor.

 

Jorge Isaac Carvallo (q.e.p.d) fue quien compuso alguna de las piezas musicales con las que Otto se dio a conocer. Desde entonces hasta el día de su muerte fueron grandes amigos.

 

Erwin Krüger, Víctor M. Leiva fueron otros artistas con los que compartió escenario y quienes ahora resaltan, junto con él, como principales músicos del Son Nica. Precisamente Otto organizó su segundo trío con Carvallo y Krüger, que se llamó “Trío Chontal”.

 

Tiene la dicha de haber viajado a muchos países del mundo cantando y haciendo programas. Pero afirma que no quiere viajar más, “no me gusta el ajetreo de andar con las maletas, tengo que cuidar mi guitarra, la Aduana, Migración es terrible y yo ya no puedo solo”, comenta.

 

Vida

 

Nació en el seno de una familia muy pobre en Jinotega, aunque asegura: “Sigo siendo pobre, pero ahora estoy un poquito más acomodado”.

 

El inicio de su vida se dio un 23 de agosto de 1933. Con un oído privilegiado don Otto de la Rocha heredó sus dones musicales de su abuelo materno Juan Fajardo, era músico y pariente cercano de la familia Mejía Godoy. A sus escasos 13 años decidió probar suerte y viajar a la capital con el sueño de cantar en una radio.

 

Buscó a su padre Benjamín de la Rocha para que le ayudara en lo que a él le apasionaba, la música. Pero no obtuvo buenos resultados, pues su padre le dio la espalda y tuvo que buscar cómo trabajar por su cuenta.

 

Cuando estaba en la escuela pública trabajaba cantando, declamando y haciendo teatro en las calles, para poder ganarse el pan de cada día. Otto de la Rocha con costo terminó la secundaria y con dificultades, trabajando y estudiando.

 

Trabajó en construcción, paralelamente estudiaba Contabilidad, pero no la terminó. “No me afrento de decir que fui ayudante de carpinteros y albañiles, en mi época ese era el oficio más rápido y más cómodo para un muchacho pobre como yo y efectivamente me costó mucho darme a conocer como un personaje, inteligente en el trabajo de operario y de albañil”, manifiesta Otto.

 

Jamás en su vida tomó clases para tocar la guitarra, pues relata que solo con mirar obtuvo los conocimientos.

 

“Mi abuelita, quien llevaba la carga en la casa, hacía comida para los campesinos que bajaban de la montaña de trabajar y llegaban a tomar su sopa y su trago. Yo con la boca abierta miraba a los obreros cantar, pero estaba copiando en mi mente todo lo que ellos cantaban, cómo tocaban y me aprendí los signos, cuando se iban yo repetía como los monos. Pasaba como la chicharra todo el día cantando”, dice entre risas y así fue como aprendió a tocar la guitarra sin maestro.

 

De su vida amorosa se sabe muy poco, aunque platica que ha tenido tres esposas, la primera Alicia Pérez, quien falleció y quedó viudo con seis hijos. Tiempo después se volvió a casar con Lorena Hidalgo, le tuvo dos hijos y se separaron por diferencias que tienen muchas parejas, “llegó un momento que no nos entendimos”, dice.

 

En 1982 conoció a su actual esposa Georgina Valdivia, con quien lleva 33 años casado y procreó dos hijos. También trabaja con él en la radio, interpretando a “Lupita”, la eterna novia de Aniceto Pietro.

 

Cuenta que tiene 27 nietos y siete bisnietos. La mayoría de sus hijos viven fuera del país, en Alemania, Australia, Estados Unidos, España y tres en Nicaragua.

 

Reconocimientos

 

Para el año 2008, la Alcaldía de Managua lo declaró hijo dilecto de la capital. “Yo soy de Jinotega, pero amo Managua, porque ella me abrió las puertas de su corazón”, expresó con cariño el artista.

 

Luego en el 2012 fue homenajeado en el Son Nica, lo que significó una sorpresa agradable para él.

 

“Fue una sorpresa para mí que bandas de rock y cumbia interpretaran mis temas, más que otra cosa sentía curiosidad de escuchar lo que tenían preparado”, precisó el actor radial.

 

En su casa tiene un lugar de trabajo apartado del bullicio, en donde guarda más de 40 reconocimientos que ha obtenido en Nicaragua y en otros países, por su incansable labor como artista. Los galardones están pegados de forma ordenada en la pared principal de la habitación.

 

“Cuando uno se propone algo en la vida hay que cumplirlo, pese a todos los obstáculos, hay que estudiar. Yo no pude seguir estudiando, pero soy autodidacta, yo leo y cada día aprende uno algo nuevo”, dice De la Rocha.

 

Para muchos artistas nicaragüenses y público en general, Otto es una leyenda viviente que no para de brillar. Pero es más que eso, es la personificación del nicaragüense pícaro, alegre, fregador y buena gente.

 

En el cumpleaños número 82 de don Otto, el Diario HOY le desea ¡Felicidades! Y esperamos que siga contagiando de risas al pueblo nicaragüense que tanto lo quiere.

...

Notas Relacionadas