La verdadera historia de “La Loca del Muelle de San Blas”

La historia cobró importancia en 1997 cuando el grupo mexicano Maná la popularizó a través de la canción

 

A Rebeca Méndez le decían “La Loca del Muelle de San Blas”, después de que en 1971, en la Playa El Borrego en San Blas, Nayarit, perdió a “Manuel” quien se adentró en el mar y nunca regresó.

La historia cobró importancia en 1997 cuando el grupo mexicano Maná la popularizó a través de la canción “En el muelle de San Blas”, de su disco “Sueños Líquidos” publica Diario Tiempo.

Parte de la letra dice así:
“Ella despidió a su amor, el partió en un barco en el muelle de san Blas.
“El juró que volvería y empapada en llanto ella juró que esperaría.
“Miles de lunas pasaron y ella siempre estaba en el muelle esperando..
“Su cabello se blanqueó, pero ningún barco a su amor le devolvía.
“Y en el pueblo le decían le decían la loca del muelle de san Blas”.

Durante una entrevista con una reportera, el guía de turistas de El Fuerte de la Contaduría, del Puerto de San Blas, Guillermo Carvajal Sandoval, insistió en que la historia es real, la mujer se llamaba Rebeca Méndez, y murió hace unos años con 65 años de edad en el estado de Jalisco.

Reveló que en el 2011 la mujer regresó a San Blas y recordó su historia, cuando tres días antes de su boda, perdió a “Manuel” en el mar, un miércoles 13 de octubre de 1971, dijo el guía.

Según Carvajal, ese día, la tormenta tropical Priscilla, en el Pacífico, pudo ser la causante de que “un amor que fue la gloria” se perdiera, y Rebeca, siendo adolescente, a sus 14 años, quedara trastornada.

Cuenta que “Manuel” se embarcó temprano a la pesca junto con otros hombres, y llegado el día de la boda, Rebeca, al verse abandonada, vistió el ajuar de novia, caminó por la playa El Borrego, donde esperó encontrar a su novio, por días.

El historiador popular cuenta que las personas se compadecían de ella y en las ramadas le ofrecían comida, sobre todo porque muchos de ellos también perdieron a alguno de sus familiares al paso de esa tormenta.

En San Blas, ella tenía amigos, no los olvidaba, los taxistas, grandes de edad.

Rebeca tejía ropa para muñecas y curiosidades, las vendía en la plaza del pueblo, donde vivía a pesar de no tener familia; también se dedicaba a trabajar en un restaurante y en las casas. Se sabe, relató Carvajal, que cuando la tormenta pegó en San Blas, Rebeca Méndez se refugiaba en la casa de “un señor” que también vendía curiosidades en la plaza, le daba ayuda pero esta persona se fue a vivir a Tepic, y “se oye que allá lo atropellaron”.

Ella se quedó sola pero su familia la buscó tras la tormenta y vinieron por ella; “ahora una hermana de ella, que vive en Ahualulco, Jalisco, viene y nos da referencias de ella”, dijo don Guillermo.

El guía turístico mencionó que al salir del museo de La Contaduría, Rebeca pasó por el panteón de la marinera, al ver las cruces, creyó que su novio estaba sepultado en una tumba y pensó en llevarle flores, “pero preguntó sí los que morían en el mar tenían tumba” y al contestarle que no, ella lloró.

“Ella conocía la canción de Maná y sabe que se la dedicaron a su historia, se emocionaba”, aseguró el narrador de la historia de Rebeca y dijo que a sus 63 años “estaba bonita, no era una viejita, era una persona entera y simpática”.

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