Rap femenino: Voz de expresión social

Mujeres ganan espacios en este género musical

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Primera Entrega

HOY

 

La pista musical suena al compás de una rima especial, un juego de palabras que destila verdades en forma de poesía. El ritmo fluye de la voz de una mujer, llamada rapera , que en el escenario es como una diosa o guerrera, que a veces es ruda y otras es sensibilidad completa.

 

La cantante de rap no es la típica artista comercial. Sus propuestas musicales tienen fortaleza en la crítica social, defensa de derechos femeninos y humanos, y propuestas de un mundo mejor.

 

Poco a poco se ganan espacios importantes dentro de un género musical donde la mayoría son hombres y en la sociedad, que se muestra un poco confundida con lo que ellas representan.

 

Una Cultura

 

El rap nace a finales de los años 60, dentro de la comunidad afroamericana de los Estados Unidos. El género forma parte de las expresiones artísticas del hip hop, de donde también se desglosan el breakdance, grafiti y DJ, que surgieron en la misma época, en las calles de Nueva York.

 

Las siglas “RAP” se ha entendido en español como “Ritmo y Poesía”, y en otros casos como “Revolución Artística Popular”.

 

Rebeca Lane, rapera guatemalteca reconocida, asegura que desde los inicios de la cultura hip hop, la mujer estuvo presente. Quizás no en grandes masas, pero las féminas tuvieron participación en todas las expresiones.

 

En cuánto al rap, Lane dice que siempre existieron las raperas, solo que no eran tan visibles como ahora, pues no tenían un lugar principal en los escenarios.

 

“En principio siempre ha sido mayor el número de participación masculina, que el de mujeres en el rap, y en toda la cultura hip hop. Eso está ligado a nuestras sociedades patriarcales. Pero lo importante es que siempre hemos estado presentes”, recalca la cantante guatemalteca.

 

En Nicaragua, casi todas las manifestaciones del hip hop tuvieron sus inicios en la década de los 90, en especial el graffiti.

 

En cuanto a rap femenino nicaragüense, fue hasta el año pasado que surgió el dúo conformado por Majo y Mafe.

 

La cantante nicaragüense, Gaby Baca, quien ha tenido cercanía con varias raperas, asevera que estas artistas son personas con conocimientos variados, muchas de ellas estudiadas, “no son figuras, ni mercancía, sino mujeres arriesgadas en sus propias propuestas musicales”.

 

Aportes

 

En general el rap está compuesto por los sonidos de las pistas musicales sintéticas, más la rapidez de la voz y la congruencia de las palabras, que a la vez deben rimar casi perfectamente.

 

En ese caso, las raperas cumplen a medida cada fase del género. Sin embargo le han dado un valor agregado con la propuesta de temas nuevos, construyendo líricas con enfoque social y críticas.

 

Nakury es rapera costarricense y desde niña es una artista urbana. Ella considera que el aporte femenino al género musical es el cambio en el abordaje de temas.

 

Normalmente los raperos tienden a hablar de violencia como medio de subsistencia o la llamada “tiradera” que solo busca poner en ridículo a un oponente. En cambio la mujer propone poesía urbana con contenido crítico.

 

“Lo que hablo en mis canciones son situaciones que he vivido… violencia familiar, violencia hacia la mujer, empoderamiento de la mujer como ser humano, fuerza personal, el respeto al derecho ajeno, la clases sociales en las que no creo…”, explica Nakury.

 

En las líricas de estas féminas es común escuchar sobre femicidios, acoso sexual, violaciones y otros temas crudos tangibles en países como los nuestros.

 

Para Rebeca Lane, las raperas cantan sobre temas diferentes como una respuesta a las vivencias personales, situaciones diferentes a las que viven los hombres.

 

Además indica que en la música, la rapera tiene la oportunidad de hablar por muchas que no pueden expresarse.

 

“El rap siempre ha sido una herramienta de expresión de las personas marginadas, o sujetos oprimidos, esa experiencia que también vivimos nosotras… porque en un mundo patriarcal, hemos aprendido a utilizar el rap como un instrumento de emancipación para expresar las opresiones”, expresa la rapera.

 

Agrega que a nivel social, la canciones han provocado que las mujeres se unan y formen sus propias agrupaciones de reflexión sobre estos conflictos y trabajen en pro de erradicarlos.

 

Mafe, cantante y grafitera nicaragüense que conforma el primer dúo de rap pinolero, considera que el aporte principal de las mujeres en el género es protestar pero sin llegar a la violencia.

 

“Decir lo que sentimos sin miedo, de eso se trata”, afirma.

 

Cristina Arévalo, responsable de Monitoreo y Evaluación del Programa Feminista La Corriente en Nicaragua, indica que a partir de su conexión con algunas raperas pudo entender que la música en sí, siendo rap o cualquier otro género, es un instrumento fundamental donde se puede criticar y cuestionar con humor y arte.

 

“Lo bueno de estas artistas es que cantan sus malestares, los expresan sin temor. Y sobre todo que son mujeres con conocimientos amplios de la sociedad, saben de lo que hablan”, afirma Arévalo.

 

Poco apoyo

 

A pesar de los beneficios del rap femenino, al parecer las canciones ponen el dedo en la llaga en problemas serios de la sociedad y son “expulsadas” de las radios locales y otros medios de comunicación.

 

Mafe, rapera nicaragüense que conforma un dúo, asegura que sus canciones solo son promovidas en un Radio Universidad. Las demás simplemente se limitan a rechazarlas, como a cualquier músico nacional.

 

“Junto a esa radio, hemos recibido apoyo de revistas y periódicos… nosotras mismas difundimos nuestros temas con los vídeos que hacemos y algunas presentaciones”, apunta la rapera pinolera.

 

Por su parte Nakury asevera que “para nadie es un secreto que las emisoras las pagan las disqueras y nosotros somos artistas independientes que hablamos de temas sociales, hacemos denuncia que para un sistema más clásico no es atractivo, porque no les genera dinero, ganancias”.

 

Malva Izquierdo Miller, locutora de radio y comunicadora social, explica que este fenómeno no solo ocurre con las raperas, también con los cantantes nacionales, a quienes tampoco se les brinda espacios. Considera que todo forma parte de un prejuicio social de los exponentes raperos y los intereses del medio.

 

“Hay muchos prejuicios creo yo, y es una batalla dura porque se vuelve doblemente complicado. De por sí rapear y darte a conocer es un trabajo de tiempo completo, ahora agregale que sos mujer y entrás a terreno minado”, reflexiona Malva.

 

¿Qué les queda por hacer en medio de la falta de apoyo? Seguir confiando en sus talentos, en la naturaleza de su creatividad y buscar los medios para seguir difundiendo sus trabajos.

 

Lee mañana la segunda parte de este especial en la sección Estrellas.

 

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