Al filo del peligro

Por la dinámica de su oficio, los taxistas nocturnos son el blanco perfecto de los delincuentes.

Juan Carlos Tijerino A.
HOY

Antes de comenzar a “taxear”, don Francisco Espinoza se encomienda al de “arriba y a la virgencita de Guadalupe”.

En casi 20 años de andar al volante, su ruego de protección ha sido escuchado, ya que es la fecha y ningún susto se ha llevado.

Aun así no se fía, porque a sus 47 años está claro que en el “taxeo” se anda con la vida prestada y en cualquier momento se presenta la tragedia.

“No uso armas, mi arma es el de arriba y mi virgencita de Guadalupe. Lo primero que digo es en nombre de Dios y la virgen Santísima me protejan hoy, mañana y siempre”, cuenta Espinoza mientras descansa en la sede de la Cooperativa de Taxis Carlos Fonseca Amador, ubicada sobre la calle principal de Sabana Grande.

En sus casi dos décadas de taxista, Espinoza ha visto como cada día es más difícil hacer su trabajo, no solo por la competencia que hay en el sector, sino por el actuar de los delincuentes.

Otros taxistas, aparte de encomendarse a Dios, cargan crucifijos, o en sus celulares andan de fondo de pantalla imágenes religiosas, o escuchan cultos en las radios de sus vehículos, para sentirse protegidos.
En marzo de 2014, el taxista Hubbert Vanegas Acuña, de 49 años, falleció a causa de un disparo en el pecho que le propinaron unos sujetos al asaltarlo.

Un par de años antes, otro taxista también fue asaltado, pero a diferencia de Vanegas este sobrevivió y logró contar su historia. Su nombre es Justo Pastor Salgado y tiene 57 años, de los cuales 35 los ha dedicado a manejar su taxi.

A Salgado dos jóvenes que llevaba como pasajeros lo intimidaron con una bayoneta. Tras forcejear con ellos logró evitar que le robaran el dinero y le arrebataran la vida.

Desde entonces aplica una serie de medidas de seguridad para evitar que le ocurra de nuevo.
Y lo que hace es seleccionar a los pasajeros y estacionarse en sitios concurridos como gasolineras o centros comerciales.

“La seguridad que se toma, es fijarse en las características de los pasajeros. Si van tres o cuatro sujetos no los subo. Y si monto a alguien, al regreso me vengo vacío. Como a las 10:00 p.m. me voy a parquear a una gasolinera”, explicó Salgado.
Agregó que también se auxilia del sistema de radio-taxi que tienen en su cooperativa, la Carlos Fonseca Amador.
Este sistema funciona de la siguiente manera: cada unidad posee un radio, y una vez que montan un cliente, informan a un operador en la sede de la cooperativa al sitio que se dirigen y la cantidad de personas que transportan.

Luego el operador se encarga de controlar su ubicación preguntándole cada cierto tiempo por que zona de la capital va circulando.

De no responder a un llamado, el operador se encarga de llamar a la Policía y coordinar con sus colegas la búsqueda.

“Al momento del asalto, lo primero que hace el delincuente es desconectar el radio, pero de ocurrir algo y se cuenta con tiempo, lo que debemos hacer es “ponchar” el radio (presionar auricular) para que sepan que esta ocurriendo algo y nos ubiquen” , indicó Salgado.

A pesar de contar con esta ventaja, no significa que están exentos de ser víctimas de la delincuencia, como ocurre con el resto del gremio.

Según datos proporcionados por la Federación Nicaragüense de Cooperativas de Taxi (Fenicootaxi), en el año 2013, 195 taxistas fueron asaltados.

Al año siguiente esta cifra disminuyó considerablemente. De 195 pasaron a 95.
En lo que va de este año, el sector taxi reporta únicamente seis casos.

Trabajar con recorridos

Contrario a los taxistas diurnos, que no paran de andar de un lado a otro, los nocturnos laboran únicamente por momentos.

Y esto se debe, según los consultados, a que le realizan los recorridos a los trabajadores de supermercados, restaurantes, bares y casinos.

Transportan también a los pacientes que son dados de alta de los hospitales y a uno que otro cliente que le agarró la “noche” en el trabajo o en la calle.

Generalmente para matar el tiempo, lo que hacen es buscar sitios concurridos mientras les llaman para que hagan los recorridos.
Una vez que hacen los traslados buscan negocios como los autolavados que atienden 24 horas para descansar o las fritangas para comer.

Otros recurren a los kioscos de comida rápida o los casinos, donde regalan cigarros y comida por jugar con las tragamonedas durante algún tiempo.

Si la mañana amanece “movida”, laboran hasta las nueve de la mañana. Si está palmado, la experiencia les ha enseñado que lo mas lógico es irse a la casa.

Los males que padecen

Como toda profesión que tiene sus riesgos, esta no es la excepción, no solo en cuanto a seguridad, sino también respecto a la salud.

Vidal Almendárez, de la Fenicootaxi, expresó que usualmente los taxistas sufren de algunos padecimientos como la diabetes, hipertensión arterial e infección renal.

Pese a que cientos de personas se dedican al “taxeo”, no existe información que algunos estén cotizando vía seguro facultativo con el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), beneficio que les permitiría acceder a atención médica.

Sin seguros

Para el funcionario de Fenicootaxi los profesionales del volante no se integran al INSS porque desconfían del sistema.

“La seguridad social no genera confianza, todo el mundo está atemorizado con la posibilidad de que después que cotizaste ya no haya fondos”, indicó.

Explicó también que es difícil que los propietarios de los taxis aseguren a los cadetes, porque estos no son sus empleadores, sino únicamente los que le alquilan los vehículos.

“El cadete no es trabajador, solo alquila el vehículo. Al alquilarlo, no hay una responsabilidad laboral. En todo caso es el cadete quien tendría que hacer un esfuerzo para el facultativo (seguro), pero se va a los hospitales y no hay medicamentos, ni atención de calidad. ¿Quién estaría interesado en algo que no se le tiene confianza?”, se pregunta el funcionario.

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