La bala que me hiera

El 20 por ciento de los jugadores de baloncesto sobre sillas de ruedas de Managua son jóvenes que vieron truncada su existencia y aunque desearon la muerte hoy abrazan la vida a través de un balón

 

Carlos A. Montealto
HOY

La bala penetró al costado derecho de la columna vertebral en la parte baja de la espalda de Wilmer José Díaz Barreto. Su primera sensación al recibir el disparo fue la de una muerte inminente que esperó sin prisa en el hospital y aunque nunca llegó, las secuelas de ese incidente lo dejaron atado a una silla de ruedas, con apenas 16 años de edad en el 2011.

Wilmer forma parte del 20 por ciento de los jóvenes que practican baloncesto sobre sillas de ruedas en Managua y que perdieron sus piernas por heridas de balas, algunos por situaciones que involucran pandillas, según registros de la Federación del Comité Paralímpico Nicaragüense (Fedcopan).

En una muestra de 50 atletas que la Fedcopan tiene, sobre las causas de discapacidad de sus jugadores, el 29 por ciento son por lesiones de guerra, el 32 sufrieron casos de Poliomielitis, el 20 por ciento por heridas de bala o pandillas y el 19 por ciento en accidentes de tráfico.

De ese grupo el nueve por ciento son jóvenes con edades de 20 años a más, que tras gozar de la virtud de sus piernas, vivieron atrapados en el abismo de la incertidumbre, odiándose y odiando a todos, hasta que una mano amiga llegó en silla de ruedas para enseñarles que su vida no había terminado.

Según explica Carlos López, jugador activo y coordinador e instructor de clínicas deportivas de baloncesto sobre sillas de ruedas, hay grupos que visitan de forma regular el hospital Nacional de Rehabilitación Aldo Chavarría, para captar a pacientes que recién perdieron la movilidad de sus piernas.

“Ese es el momento más difícil para las personas que pierden sus piernas, porque no quieren aceptar su lesión”, explica López.

“Hablar con personas que recién quedaron en silla de ruedas no es fácil, pero es un proceso más factible cuando alguien que pasó por la misma situación que ellos les llega hablar. Nos hemos encontrado casos de personas que no comen y corren a todo el mundo. Otra manera que tenemos de captar a nuevos miembros, es que uno de nosotros se dé cuenta de que alguien en su barrio quedó en silla de ruedas ”, agregó.

El deporte, en especial el baloncesto sobre silla de ruedas, es una de las principales fuentes de esperanza con la que las personas en silla de ruedas, abrazan la vida y retoman un lugar activo en la sociedad.

“Me sentía en agonía”

Wilmer de 22 años es uno de los nuevos integrantes del equipo de baloncesto sobre silla de ruedas, que reencontró el camino en su vida tras una herida de bala que lo postró en una silla de ruedas hace cuatros años. El disparo vino del arma de un policía.

“Tengo cuatro meses de estar practicando deporte sobre silla de ruedas. He sentido el cambio, antes en mi casa no hacía nada solo pasaba viendo tele, ahora salgo a distraerme un poco, hago mandados camino solo en las calles, ya nadie me tiene que empujar. Hoy soy independiente”, agrega Wilmer, quien vive junto a su papá en el Barrio Pablo Úbeda, de Managua. Irónicamente fue a una cuadra de su casa donde su vida cambió.

“Ese día yo estaba tomado, me le corrí a una patrulla, la versión de ellos es que yo asaltaba taxis, que los agarré a balazos. Pero no fue así, porque ellos en mi barrio tenían la costumbre de entrar a revisarlo a uno y golpearlo. Ese día yo me les corrí porque no quería que me golpearan, no sé qué pensó el policía que me agarró a balazos y me dio en la columna”, recuerda Wilmer.

“Cuando caí, quedé inmóvil, sentí que estaba en agonía, cuando el oficial llegó a mi lado comenzó a tratarme porque me había corrido, me dijo ‘parate de ahí sino te doy otro’, le respondí que no sentía mis pies”, recuerda este joven.

Wilmer esperó la muerte en el hospital y como nunca llegó, acuñó la esperanza de que volvería a caminar hasta que le comunicaron que debería usar una silla de ruedas, el impacto de la noticia y sus repercusiones también dañó a su familia.

“Fue muy difícil para mi familia, sobre todo para mi papá porque yo vivo solo con él. En ese tiempo yo trabajaba y ayudaba en los gastos de la casa, luego de eso fue muy difícil porque quedé parapléjico, perdí mi trabajo, los gastos que tengo son muchos. Mi papá se gana la vida como taxista”, afirma Wilmer.

“La independencia te fortalece”

Manuel de Jesús Álvarez Ulloa, de 29 años, también vivió el duro proceso de perder sus piernas con apenas 15 años, herido por una bala disparada por un pandillero en el barrio René Cisneros.

“Recuerdo que cuando me dieron el balazo sentí como que me habían cortado las piernas. En el hospital los médicos me dijeron ‘lástima tan joven no va a volver a caminar’, ahí fue mi primer choque, yo me puse enojado hasta ofendía a los doctores. No quería ni sentarme en la silla de ruedas”, explica Manuel.

“Para mí, jugar baloncesto sobre silla de ruedas ha sido un escape para no estar deprimido, no sentirme menos que otros, me ha impulsado a ser una mejor persona”, comenta.

Para Manuel la primera sensación de que estaba recobrando su vida, fue cuando pudo sentir que era una persona independiente y con una vida plena esperando por él.

“La independencia te fortalece. Recibí un curso de vida independiente que impartió Carlos López, ahí fue donde me detectaron para jugar baloncesto. Recuerdo que Carlos me hizo un mapa en un cuaderno para que llegara a su casa, fue mi primera aventura en una silla hospitalaria, cuando di con la casa, me dijo que nos fuéramos al parque Luis Alfonso, así fue como comencé a jugar”, afirma Manuel.

“Hoy tengo motivos para vivir”

Los accidentes de tránsito, también son funestos productores de lesiones que en un momento cambian la vida de los jóvenes.

En el 2007 a sus 18 años, Francisco Alberto Palacios Cuarezma, perdió sus piernas en un accidente cuando trabajaba como ayudante en un bus que colisionó con otra unidad de transporte que viajaba a Chinandega.

Francisco vivió un proceso complicado de recuperación, pues una lesión que sufrió en su cabeza producto del accidente, no lo dejaba ver la realidad.

“Cuando estaba en mi casa recuperándome, decía cosas incoherentes, para mí yo estaba normal, a veces me caía de la cama porque cuando me levantaba en mi mente yo tenía mis piernas. Por el impacto en mi cabeza estaba desconcertado”, recuerda Francisco hoy de 26 años.

“El baloncesto sobre silla de ruedas no solo te ayuda en el deporte, sino que te ayuda en la independencia, ya la familia no se preocupa tanto cuando andas solo. Me siento bastante agradecido con mis compañeros, porque me ayudaron a salir de la depresión, prácticamente me sacaron de mi casa”, explica Francisco.

“Cuando se tiene una lesión tan grave en la vida, uno se deprime, no querés saber nada de nada. Pero con el baloncesto las cosas cambiaron para mí, dando el primer paso, te motivas a dar el segundo. De vez en cuando tengo depresiones como cualquier persona, amanezco con las pilas bajas, pero cuando sé que tengo que venir a jugar me voy con las baterías recargadas. Hoy soy feliz en mi vida, trabajo, juego, eso es una gran motivación para seguir con vida”, finaliza Francisco.

 

 

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