Nido de artistas

En las Ruinas del Gran Hotel y en la azotea del Palacio Nacional de la Cultura, el arte y la creatividad fluyen.

Gloria Acosta Pérez

HOY

Son las 8:00 a.m. Niños, jóvenes y adultos empiezan a desfilar a paso ligero en los alrededores de las ruinas del Gran Hotel, hoy el Centro Cultural Managua. Las clases van a empezar y los salones están listos para alojarlos, de tres a cuatro horas.

Es sábado, hace un poco de calor, pero eso no es impedimento para estar ahí. La emoción, creatividad y talento fluyen a flor de piel.

La sonrisa dibujada en el rostro de Regina Zúniga, de siete años y sus ojitos alegres, dan prueba de ello. Ella cursa tercer grado y se nota que tiene mucha ‘madera’ para bailar.

En el salón, nueve niñas ‘enmoñadas’ mueven sus cuerpecitos sincronizados en forma de alzar vuelo, mientras su maestra Alison Zavala Cajina, de 14 años, les indica el siguiente paso.

Esta jovencita que habita en el Reparto Schick, desde hace tres sábados, está a cargo de las pequeñas, como parte de su servicio social. “Este año me voy a graduar como bailarina intérprete en danza contemporánea y a ellas les imparto clases de ballet clásico”, cuenta Zavala Cajina, quien lleva siete años en la Escuela Nacional de Danza Adán Castillo.

“Uno se tiene que preparar y el aprendizaje que sabemos impartirlo a personas que necesitan y quieren saber de la danza, porque la danza es nuestra cultura”, añade la jovencita que cursa tercer año de secundaria y sueña con ser una gran bailarina.
Una vez graduada, Alison, quien estudia en el Colegio Filemón Rivera Quintero, en Managua, pasará a formar parte del personal docente de la Escuela.

Las pequeñas Emily Pineda y Andrea Ríos empiezan la aventura danzaria en este espacio de recreación y cultura.

Según Mercedes Grijalva, especialista en danza moderna, folclor nacional y directora desde hace 10 años de la Escuela Nacional de Danza Adán Castillo, en este centro les ayudan a los niños y jóvenes a desarrollar sus habilidades y talento en el arte danzario.

“Es una formación profesional, no es un hobby, les sirve para desestrezarse y encontrar en la danza una vida más, esa motivación como niños para desarrollarse, ese don que poseen (…)”, explica Grijalva, quien invita a los padres a motivar a sus pequeños a incursionar en el arte.

Las tablas suenan

En uno de los salones, detrás de dos puertas de madera y marcadas por la historia, las tablas suenan. Ahí los movimientos corporales se adueñan del espacio. Hay risas, seriedad y mucha pasión por aprender.

El profesor Xavier Espinoza está al mando de este grupo de 12 jóvenes, entre ellos hay profesionales, universitarios y estudiantes de secundaria.

Una joven risueña, ojos de color y cabello corto sonríe a la cámara, improvisa un texto y sigue su actuación, mientras los ‘flashes’ capturan cada movimiento.

Su nombre es Meybeling Castillo, tiene 19 años, es oriunda de Nandaime y con mucha historia que contar.

Su sueño por convertirse en piloto de aviación la trajo a la capital y a pertenecer por ocho meses al Ejército de Nicaragua.

“Quería ser piloto, pero no venía esa especialidad para mi curso, entonces me salí y decidí hacer lo que en realidad me gusta, que es actuar y la cocina”, refiere la joven quien durante la semana estudia pastelería y repostería en la Escuela Nacional de Hotelería y los fines de semana los destina a hacer teatro.
A pesar de las dificultades económicas, las ganas por ser algo en la vida son grandes, así como el apoyo incondicional de su mamá.

Para ahorrarse gastos, ella se queda en Managua, en la casa donde labora su mamá como acompañante del hogar (empleada doméstica). “Uno hace de tripas corazón, mi mamá a como puede me ayuda”, añade Castillo quien a futuro se ve con su propio restaurante y como una buena actriz de teatro reconocida.
Xavier Espinoza, quien tiene 38 años de trayectoria en el arte del teatro y 20 años de ser docente en la Escuela Nacional de Teatro, imparte la clases de voz y texto escénico.

“Los estudiantes aprenden técnicas para respirar, articular, a manejar el diafragma, a hablar bien y manejar bien la voz, a no gritar, hacemos una serie de dinámicas para conseguir la resonancia en la voz”, explica el docente que se especializó en Actuación y Dirección en la Academia GITIS (Moscú).

Según este maestro, el teatro le ayuda a los alumnos a desinhibirse. “Les sirve hasta para que pueden presentar su examen de grado sin ninguna presión (…)”, finalizó el docente que ha tenido alumnos hasta de 60 años.

Por su parte Olimpia Flores divide su tiempo entre la actuación y producción audiovisual.

Esta chavala de 21 años estudia Diseño Gráfico en la Universidad Centroamericana (UCA) y los fines de semana está comprometida con el teatro.

En busca de cumplir sus sueños es que se convirtió en autora de vídeos con temáticas variadas, o mejor conocido como vlogger.

“Estudio teatro porque siento que es algo con lo que me puedo expresar mejor, es un arte que me gusta cultivar, la sensación de interpretar a un personaje en el escenario es indescriptible”, comenta la joven quien lleva un año en la Escuela Nacional de Teatro.

“Puedo convertirme en cualquier personaje a través del teatro, he aprendido a estirar el cuerpo y a expresarme por medio de él, porque el cuerpo también puede hablar, he mejorado mi vocalización y la interpretación”, finaliza la joven que habita en el barrio Largaespada.

TRAZOS Y PINTURA

En la azotea del Palacio Nacional de la Cultura, los pasteles en lápiz, papel y la pintura se toman este espacio.
La teatrista Kenya Martínez es una de las tantas jóvenes que está casada con el dibujo cada sábado.

“Estoy en dibujo, me van a dar varias técnicas, acuarelas, óleo, dibujo al pastel, al lápiz, creo que como titiritera es importante aprender a dibujar y hacer bocetos para nuestra propia escenografía (…) ”, cuenta la joven quien lleva tres meses asistiendo a la Escuela de Bellas Artes Rodrigo Peñalba, y en la semana estudia danza en la Escuela Nacional Adán Castillo.

Flor de María Urbina recién tomó el curso de dibujo. “Porque la especialidad que agarré cuando estudié fue escultura, entonces ahora estoy comenzando en lo que es la clase de dibujo para pintar”, dice Urbina, quien lleva cinco sábados asistiendo a la azotea y por ahora está dibujando el rostro de su mamá.

Renato Javier Poveda es parte de este grupo, donde la creatividad hace de las suyas en este espacio. Por el momento este joven empieza a dibujar figuras geométricas.

Al igual que Poveda, Darwing Ñurinda lleva tres semanas asistiendo a la escuela. Él estudia Diseño Gráfico y los sábados se sumerge en el dibujo.

“Desde pequeño me gusta dibujar y aquí vengo como a soltarme, a desestresarme de la vida agitada de Managua”, dice.

Ricardo Morales, director de la Escuela Nacional de Artes Plástica Rodrigo Peñalba, con 30 años de trayectoria, refiere que los cursos son gratuitos. “Son alumnos que no pueden asistir a las clases regulares que tenemos como carrera, entonces aquí tengo a ese tipo de jóvenes con inquietudes artísticas, tenemos un primer programa de tres meses de dibujo, tres meses de pastel (tizas de colores) para que aprendan a mezclar y después nos pasamos al acrílico y óleo”, explica.
En otras aulas los niños empiezan a dar sus primeros trazos.

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