Mujer luchadora

A doña Angelita Pérez luego de sus labores en su finca se le ve siempre “elegantona” con su bolso realizando trámites para que su comunidad progrese.

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HOY/Saúl Martínez

Chinandega

Angelita Endocia Pérez no descansa para que las comunidades de La Bolsa, La Mora, San Isidro y Belén, ubicadas en la ciudad de Chinandega, progresen y sus pobladores mejoren sus condiciones de vida.

Esta pobladora celebró que recientemente treinta chavalos en el marco de la Ruta Colonial y de los Volcanes se hayan graduado de guías turísticos, para así dar a conocer la belleza de la zona volcánica Chonco-San Cristóbal-Casita.

El sueño de esta mujer luchadora es ver a la comunidad de San Isidro, donde habita, más atractiva para los visitantes lo que será posible con el apoyo de la juventud a quienes considera hay que vigilar de cerca para evitar que caigan en las garras de los vicios.

Por la gestión de una eficaz directiva hace quince años la comarca San Isidro llegó a tener su centro escolar, el que actualmente tiene un registro de 180 estudiantes.

Antes los niños se exponían al trasladarse en solitarios caminos y de tardes lluviosas a las escuelas de las vecinas comunidades de La Mora, Belén y La Bolsa.

Luego de sus labores domésticas y a veces agrícolas a esta señora se le ve por las calles acompañando a los comunitarios para agilizar temas como la seguridad en su territorio, dotación de medicinas y exámenes como tomografías. Así como abordar aspectos para mejorar la educación de los chavalos de las comunidades.

Optimismo

Angelita desde pequeña estuvo involucrada en el intenso trabajo del campo, debido a que nació en El Viejo, y a muy temprana edad ayudaba a sus padres que laboraban en la hacienda del señor Francisco Machado, en el municipio de El Viejo.

Cuenta que ahí su padre Juan Emilio Pérez hacía tareas de campisto para el ganado y capataz para las siembras, mientras su madre María del Pilar Pérez, a diario echaba las tortillas y preparaba el alimento de los mozos.

Sin embargo gran parte de la niñez de la Angelita se desarrolló en la comarca La Bolsa, en las faldas del volcán San Cristóbal donde doña Justina Altamirano le impartía el pan de la enseñanza y don Salvador Muñoz transmitía sus conocimientos de catecismo bajo un árbol de tamarindo.

En ese entonces no había escuelas en la zona, tampoco una ermita y salían a la ciudad a través de una trocha.

Veinteañera contrajo nupcias con Modesto Martínez, oriundo de la comarca Las Marías, en León. Procrearon tres hijos, también adoptó a un varoncito, quien supo adquirir la rectitud de quienes lo acogieron con cariño.

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