Sus dedos se mueven tan ágiles mientras su cerebro combina…

Sus dedos se mueven tan ágiles mientras su cerebro combina la inteligencia y una hábil visión para tocar los botones correctos y así poder pasar de nivel. Se trata de Miguel Mendoza, un joven comerciante que utiliza sus ratos libres en el Mercado Oriental para tirarse un jueguito.

MÁSTER DE LOS VIDEOJUEGOS

HOY

 Sus dedos se mueven tan ágiles mientras su cerebro combina la inteligencia y una hábil visión para tocar los botones correctos y así poder pasar de nivel. Se trata de Miguel Mendoza, un joven comerciante que utiliza sus ratos libres en el Mercado Oriental para ‘tirarse’ un jueguito.

Para este tipo de personas ya está designado un término; se llaman “gamers”, pues pasan tanto tiempo concentrados en una consola de videojuegos que ya se saben todas las mañas.

No todo es juguete para este joven, su prioridad es vender, pues aunque aún no tiene bocas que mantener, desea continuar sus estudios que fueron frustrados hace siete años por un accidente.

Aún así ¿es un gamer? “Se podría decir que lo soy”, confiesa Miguel; quien desde que llegó a este tramo ubicado en el Gancho de Caminos gracias a un amigo, ha aprendido las miles mañas y combinaciones secretas que un juego puede traer.

Independiente

Como la mayoría de comerciantes, a este chavalo le ha tocado la dura “y eso que me falta mucho por vivir”, explica, pero el año pasado un suceso en su familia lo obligó a independizarse.

“Mi mamá falleció y yo dejé de sentirme cómodo en mi casa. Somos once hermanos, yo ya estoy mayor; tenía que independizarme”, sostiene.

Fue entonces que decidió mudarse y tirarse a la aventura de vivir solo; trabaja para poder volver a estudiar. Según comenta, ahora que se topó con ese mundo le encanta la ingeniería en sistemas.

Aunque solo logró llegar a segundo año, sabe que nunca es tarde para estudiar y procura que el próximo año pueda entrar a una preparatoria.

Con respecto al juego, Miguel asegura que no es del todo pérdida de tiempo, “claro que es entretenimiento, pero también es un reto, cada nivel es más difícil que el anterior, casi parecido a la vida”, menciona el muchacho.

 

Además según este jugador empedernido, ser un “gamer” también le ha enseñado a ser perseverante, sobre todo cuando le cuesta pasar un nivel.

 

Puede manejar casi cualquier consola (sistema que ejecuta juegos electrónicos) y cuando toma un juego no lo deja hasta que lo termina.

 

“Eso también ayuda a la concentración. Yo recomiendo los videojuegos, sobre todo a niños pequeños, siempre y cuando sean educativos y no violentos, porque así también se desarrollan bien las habilidades”, dice el comerciante.

 

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