HOY
A más de ocho metros de altura en un terreno escabroso, ubicado en San Andrés de la Palanca, Mateare, está la cueva del cacique Matarit Matarot, líder indígena de la tribu Mangues o Chorotegas, que según las crónicas de indias para ese entonces habitaron la zona.
En este lugar se oficiaban las ceremonias religiosas en honor a los dioses, y era la fortaleza desde donde el cacique orientaba a la tribu acerca de cómo protegerse de la invasión de los hombres blancos, aún desconocidos para ellos: los españoles.
Si algo sabía hacer Matarit era guardar distancia de los extraños y por eso mandó a tallar cuatro cuevas en ese punto estratégico, no solo por las quebradas que hay, sino por la protección de serpientes de cascabel y sumado a esto, la maleza del bosque que ha crecido por el pasar de los años.
Las primeras tres cuevas eran utilizadas para que los indígenas colocaran las ofrendas y llevaran los ‘tamarindos de oros’, que según cuentan los lugareños hasta hace poco eran buscados por cazafortunas.
“Antes había puertas, pero el mandador de estos terrenos las mandó a arrancar para que la gente dejara de buscar el supuesto oro que había”, cuenta Juan Obando, promotor ambiental de la localidad.
Dentro de una de las cuevas hay una especie de atrio hecho a base de piedra, donde se presume dejaban las ofrendas y quizá hasta hacían sacrificios.
Un dato curioso es que la primera caverna tiene varias puertas que las conectan con las demás cuevas, como si se tratara de un laberinto indígena.
Hasta ahora nadie se atreve a ir más allá de esas puertas, puesto que el mito dice si se entra, jamás se sale. La otra historia que aún persiste entre los lugareños es que “nada se le debe robar a los indios”, pues quien lo hace recibe una maldición y muere.
Todas estas riquezas arqueológicas, mitos y leyendas que giran en torno al cacique Matarit Matarot, del que se deriva el nombre de Mateare, están prácticamente en el abandono.
Tanto las cuevas del Cacique Matarit, como un cementerio indígena que está en el lugar, aún no han sido estudiados por arqueólogos, pues la municipalidad aún no se ha interesado en ello.
El poco apoyo que han recibido para explorar el sitio proviene de algunas ONG, que se ven limitadas porque las cuevas se encuentran en terrenos privados, dice Obando, quien agrega que lleva más de 40 años luchando para que el sitio donde están las cuevas sea declarado patrimonio nacional o reserva protegida.
Sin embargo, hasta la fecha las autoridades se han hecho de la vista gorda con el tema y no han faltado los vagos que lleguen a rayar las inscripciones indígenas.
En San Andrés de la Palanca se encuentra este santuario Chorotega
Fotos: Héctor Esquivel/ Fotoarte: Fernando Bonilla
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