Todo un ejemplo

Con ojos llorosos y voz quebrada, doña Dominga Martínez asegura cuan agradecida está con Dios por la vida que ha tenido, por los 11 hijos que le regaló y por la dicha de haber trabajado por más de 30 años en la venta de pescado.

Dominga Martínez es de las vendedoras de pescado más antiguas del mercado Israel Lewites.
Héctor Esquivel

 

HOY

 

 

Con ojos llorosos y voz quebrada, doña Dominga Martínez asegura cuan agradecida está con Dios por la vida que ha tenido, por los 11 hijos que le regaló y por la dicha de haber trabajado por más de 30 años en la venta de pescado.

 

Doña Dominga era joven cuando comenzó a trabajar en la venta de pescado.

 

Al parecer ya estaba destinada a tener ese oficio ya que siempre fue un negocio familiar, pues su padre era pescador y su madre era comerciante del mismo producto.

 

“Tenía como 14 años cuando aprendí a vender pescado con mi mamá, ella me enseñó el oficio. De inmediato me gustó este negocio porque siempre se le saca provecho”, dice doña Dominga.

 

EL NEGOCIO

 

 

Hace varios años la venta de pescado era un oficio fabuloso de hacer, las ganancias eran muchas pues la demanda también lo era, pero en estos tiempos vender mariscos es un negocio no muy provechoso para algunos, así lo asegura doña Dominga.

 

“El negocio no es rentable para quién comienza a venderlo, tal vez es rentable para lo que ya tenemos nuestros propios puestos y no le tenemos que estar trabajando a nadie. Pero aún así las ventas no son como antes. Hace varios años la venta de mariscos y pescado era mejor porque podía vender hasta 100 libras en un día, y no era menudeado, como lo tengo que dar ahora”, dice Martínez.

 

Sin embargo, aunque las ventas no sean del todo favorables, dice sentirse alegre de tener un trabajo que le enseñó su madre y que ahora ella lo hereda a hijos y nietos.

 

“Ser madre soltera es duro, es una carga difícil de llevar cuando solo es uno el que cría y el que mantiene”, afirma Martínez.

 

Aunque siente que su vida de madre fue difícil, por no haber tenido un apoyo en la educación, mantenimiento y cuidado de sus hijos, se siente satisfecha y orgullosa de su esfuerzo y los frutos que conllevaron todos los sacrificios.

 

“Tan feliz me siento de mis hijos y todo lo que hice por ellos. Gracias a Dios los tuve y les di lo que necesitaban”, expresa emocionada doña Dominga.

 

Ahora que los años le pesan y siente la vida cansada agradece a Dios por haberle dado fuerzas para aguantar dolencias, y por la recompensa que ha tenido, una vida junto a sus hijos.

 

Isabel Pineda, hermana Petrona Osorio,hija

 

 

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