Aló… ¡Tengo una emergencia!

Es casi medianoche. El ruido de los animales nocturnos se pierde entre el rin rin de los tres teléfonos de emergencia que no paran de sonar en la Dirección General de Bomberos (DGB).

Fotos carlos herrera, Guillermo flores y Héctor Esquivel/ fotoarte: Mario flores

HOY

 

Es casi medianoche. El ruido de los animales nocturnos se pierde entre el rin rin de los tres teléfonos de emergencia que no paran de sonar en la Dirección General de Bomberos (DGB).

 

La rutina es casi la misma. Llaman y cuelgan, llaman y cuelgan, y es que de los cuatro mil telefonazos que reciben, solo cincuenta resultan ser emergencias de verdad.

 

“Las demás son de niños, gente vaga, y hasta de una chavala que llama a diario de madrugada, diciendo que la comuniquen con un tal Ulises, y que aunque cambie la voz es fácil conocerla, porque se escucha el gallito de fondo”, dice Roberto Viera, un bombero que apenas tiene una semana atendiendo llamadas.

 

Durante el tiempo que ha estado de turno, Viera ha intentado mantener la calma, aunque confiesa que ahora hasta grita “aloó” cuando está dormido, y se siente como pulpo sosteniendo varios teléfonos. Teme volverse loco.

 

Ese estrés lo comparte con un compañero más, Oscar García, con quien trabaja un día entero, sin descanso. Él le está enseñando.

 

Usualmente son cuatro personas las que atienden las llamadas todos los días, ellos tienen que ser un poco doctores y un tanto psicólogos, porque la gente les pregunta desde qué tomar para un dolor de estómago, hasta qué hacer cuando el marido las deja.

 

Pero no todas las llamadas las contestan. Ellos saben detectar cuando es una emergencia.

 

Con uñas y dientes

 

La DGB cuenta con dos ambulancias, dos carros para apagar incendios, dos lanchas y un arsenal de cosas más, y aunque las trajeron del exterior de segunda mano, las tienen como nuevas.

 

De los 18 teléfonos que tienen para recepcionar llamadas del 115 y el 911, apenas cuatro tienen identificador, por lo que no han logrado fichar a todos los hostigosos.

 

Los turnos que hacen son de 24 horas, y a ese ritmo es lógico que atender una falsa llamada o a un bromista sea suficiente para sacarlos de sus casillas.

 

Todos estos inconvenientes hacen que los bomberos sean la ‘Cenicienta de las llamadas de emergencia’. Aún así, siempre están prestos a dar una respuesta rápida a la población y atienden las emergencias en menos de diez minutos.

 

PRIVILEGIADOS

 

Los que si están en la gloria son los policías, porque en el centro de emergencias cuentan con tecnología para atender las denuncias.

 

Tienen ocho teléfonos e igual número de computadoras, para atender a quienes llegan en busca de ayuda. También cuentan con un programa especializado, donde tienen registrado hasta el último pelo suyo.

 

Pero no todo el tiempo han estado como reyes, según Tomás Velásquez, jefe del Centro de Emergencia de la Policía, en los ochenta era otra cosa.

 

Para esa época existían tres números de emergencia, el 117, 119 y 118. El primero era utilizado para emergencias nacionales y el 119 para accidentes de tránsito.

 

El 118 estuvo en desuso durante un tiempo, pero resucitó, y ahora es el número más conocido, incluso más que el de los bomberos, cuenta Fernando Borge, jefe de Relaciones Públicas de la Policía Nacional.

 

Los recepcionistas hacen turnos de 12 horas, y descansan 24, y en los tiempos libres se dedican a plantar árboles o hacer monumentos en la Ajax Delgado.

 

Pero, los agentes del orden tampoco se capean de las llamadas burlescas, los policías han escuchado de todo —al igual que los bomberos— desde gente que pregunta cómo desbloquear un teléfono, hasta parejas teniendo sexo.

 

De las 5 mil llamadas que reciben a diario, apenas 30 logran ser verdaderas, siendo más frecuentes los casos de gente que vive en el Dimitrov, Las Torres o Cristo del Rosario.

 

Para el próximo año tienen planeado tener el doble de teléfonos, además de grabar las llamadas, para que cuando se apruebe una ley contra los hostigosos tengan una prueba.

 

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